lunes, 9 de mayo de 2011

Eres madre y la niña de Sus ojos


No desmayes, todo lo que has sembrado dará fruto.
Por: Pastora Sonia Luna, mayo 08, 2011

Eclesiastés 3: 1-10 nos aclara que hay un tiempo para todo. Para nacer, para morir; para callar y hablar; incluso para amar y aborrecer porque hay un tiempo para la guerra y para la paz. Todos los tiempos que menciona la Palabra nos hablan particularmente. En especial, nos sentimos aludidas con lo relacionado a hablar y callar porque tenemos la debilidad de ser demasiado comunicativas. Pídele al Señor gracia para saber callar.

Entonces, cuando sufras, recuerda que el Señor te dará un tiempo para cambiar la tristeza en alegría porque nos guarda como la niña de Sus ojos (Salmo 17:8).Aprende a disfruta cada etapa de tu vida porque todo tiene su momento. Como soltera, casada, madre, hija y servidora superas etapas que te marcan, cuando debes aprender y también disfrutar. Como esposa pasas del amor joven al amor real que prueban la solidez de tu relación. Como madre vives confusión y angustia porque educar hijos no es fácil, sin embargo, ellos merecen tu tiempo y esfuerzo. Dedícate a tus hijos, no delegues el cuidado de su desarrollo a una empleada. Mi esposo me ha mostrado el papel tan importante que desempeño en nuestro hogar y esa es una de las muchas razones por la que lo amo. Acomoda las responsabilidades a tu maternidad. Puedes realizarte como profesional sin descuidar el privilegio de ser madre y cuidadora de la simiente...

Hay tiempos agradables y otros difíciles pero cada uno tiene su propósito y apoyo del Señor. Sin importar a qué te dediques, especialmente si eres madre de familia, pon tus ojos en Él y pídele fortaleza. No olvides que hay un tiempo de siembra y otro de cosecha. No verás el fruto de inmediato, para todo se requiere preparación y paciencia. Aún siendo cristiana comprometida debes enfrentara la frustración y desaliento, es natural porque somos humanas, pero la diferencia está en la fe que demuestras.

Ánimo y valor
El Señor Jesús es la fuente del ánimo que nos sostendrá en cualquier circunstancia que debamos afrontar como mujeres, esposas y madres junto a nuestros hijos. Él nos ha dado el ejemplo para no desmayar (hebreos 12:3). Para tu Padre no eres invisible, te ve y aprecia en todos los detalles. Su amor sobrenatural te dará fuerzas. Todas deseamos ver a nuestra familia bendecida y podemos lograrlo si se la entregamos al Señor. Puede que conozcas la Palabra pero eso no es suficiente, tienes que pedir sabiduría para actuar conforme a ella.

Buena cosecha
Rompe con el enojo, tristeza y depresión. Nuestro Padre desea renovarnos y debes ser tierra fértil para producir buen fruto. Hubo un tiempo cuando cometimos errores pero ahora es el momento de corregirlos. Si en algún momento te has sentido invisible a los ojos de otras personas o si te han utilizado y engañado, si te sientes frustrada por la crueldad del mundo que nos margina como mujeres, declárate liberada porque ahora Dios toca tu corazón y es bálsamo para tus heridas.

Pídele fuerza y honor que te permita ver el porvenir con optimismo. Siembra para recibir esa promesa, ten paciencia porque Él no te ignora y te dará ese gozo sobrenatural que anhelas. El Señor puede sanarte, ayudarte a perdonar y a tener el control de tu vida. Sujeta tu alma emotiva porque necesitas ser usada para glorificar Su nombre. Él no ignora tu sacrificio y trabajo, sabe que le has dado prioridad y que has hecho mucho por tu familia. Tampoco ignora el esfuerzo que haces por educar a tus hijos, tus desvelos y tristezas están en Su memoria. Aquello que has sembrado trascenderá en una cosecha que alcanzará a muchas generaciones. Recuerda todos segaremos lo que cosechamos (Gálatas 6:7).

El rechazo no viene de Dios, Él te ama. NO hay nada que puede esclavizarte, entiende que ser mujer y madre es maravilloso. Tienes mucho para dar, no te quedes con nada, el mundo te espera y necesita que lo lleves a los pies del Señor. Recuerda que fue una mujer la primera que comunicó el Evangelio. María Magdalena olvidó todo el rechazo y humillación que sufrió cuando se encontró con Jesús y fue instrumento para las buenas noticias. Si te vieras con Sus ojos descubrirías lo hermosa que eres para Él, no te menosprecies más, descubre todo tu valor. Dile que estás a Su servicio, que crees Su promesa y le amarás por sobre todas las cosas. Entrégate en Sus manos, deja que te guarde como a la niña de Sus ojos, te haga libre para amar y bendecir a quienes te rodean, especialmente a tu familia que te ama.

Fuente: cashluna.org



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