jueves, 20 de mayo de 2010

Descansar en Dios!!!


César Aníbal Villamil

Transitando un tiempo de dura prueba, Dios me habló claramente a través de Salmos 46.10: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios». La frase: «Estad quietos» puede ser traducida como «Quédense tranquilos» o «Dejen de resistir».
Acudir a Dios en oración

Acudir a Dios en oración

En medio de la problemática situación que estaba atravesando hice todo lo que pude para sobrellevarla, entonces, Dios, a través de su Palabra, me dijo (parafraseando el versículo): «No temas y reconoce mi soberanía y poder. ¡Yo soy Dios!»

Su Palabra era clara. Era evidente que yo no podía solucionar mi situación. No había nada que hacer. Por lo tanto, debía dejar de tratar de salir de aquella situación por medio de mis fuerzas. Mi corazón se quebraba en medio de la tristeza; vez tras vez, experimentaba el mismo dolor que había sentido cuando toda aquella situación comenzó. Sin embargo, nada me daba resultado. La situación no cambiaba y el profundo dolor no se retiraba de mi alma.

De pronto, vi todo desde otro ángulo. Si mi intención era caminar en fe y vivir de acuerdo a mi fe, debía dejar todo en sus amorosas manos. ¡Qué fácil que suena! ¿Verdad? Pero el proceso me tomó mucho tiempo. Tuve que aprender la lección; tuve que ser enseñado; tuve que reconocer la soberanía de Dios sobre cada aspecto de mi vida. Mi responsabilidad era bastante simple: debía dejar de hacer y aprender a descansar en él. Debía dejar que el amor incondicional de Dios fluya en mi vida.

Si bien es un proceso por el cual todavía estoy aprendiendo, ¡Dios me ha enseñado tantas cosas! He aprendido que Dios y solo Dios es la respuesta a ciertos interrogantes de mi vida. Todo lo que Dios ha hecho por mí –me dio la vida, me redimió, me eligió desde antes de la fundación de mundo, para mencionar solo algunas– es prueba inequívoca de que no se detendrá hasta que cumpla el propósito para el cual he sido elegido. Todo lo que él ha hecho lo hizo a pesar de mi propia agenda o mi manipulación en algunas áreas de mi vida.

Cuando comencé a vivir de acuerdo a Salmos 46:10, comencé a ver la acción de Dios. A decir verdad, cuando miro hacia atrás, puedo ver la mano de Dios acompañándome en cada aspecto de mi vida, y aún en medio de mi tristeza y mi dolor puedo ver que él siempre ha estado conmigo, nunca me abandonó. ¡Gloria sea a Dios! Tiempo después pude ver que la mano de Dios vino a mi socorro cuando todo parecía hundirse. Ahora puedo decir: ¡Puedo confiar en el Señor, no me va a fallar! No porque lo haya leído en la Biblia sino porque lo experimenté en mi propia vida.

Su socorro a veces vino a través de las palabras acertadas de mi esposa, otras a través de aquellos amigos fieles que se acercaron a mí con muestras de amor y a veces con soluciones más que con palabras. He llorado mucho, pero Dios siempre ha estado conmigo. También hubo amigos que descubrieron sus máscaras y soltaron mi mano en medio de la tempestad, aunque no lo tengo en cuenta. Pero déjeme decirle mi amigo, el amor de Dios siempre fluyó cristalino desde su trono con abundante misericordia.

Evidentemente, yo no podía hacer nada para mitigar mi dolor u olvidar lo que había sucedido, tenía que dejar de luchar. Tenía que aprender a descansar en Dios plenamente. Hoy en día veo que mi dolor fue utilizado por Dios para hacerse más evidente en mi vida. Con toda honestidad, no creo que mi experiencia fue una situación enviada por Dios, pero sin ninguna duda Dios la usó para acercarme a él. Nunca se hizo más real para mí lo que Pablo dice en Romanos 8.28: «A los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien.»

De ahora en más puedo decir que he aprendido que en las situaciones que no puedo cambiar debo dejar de luchar y descansar en Dios. Esforzarme por hacer todo lo que pueda y descansar en Dios para que él tome el control de todo lo que yo no puedo hacer. Ahora puedo decir que sé que sin importar qué tan difícil pueda ser una situación debo descansar, relajarme y recordar que él es Dios. De eso se trata el caminar en la fe, descansar plenamente en Dios confiando en su sabiduría, su gracia, su amor y su misericordia. Mi responsabilidad es confiar y obedecer, y ser lo que Dios quiere que sea.
Más firme que una roca

Más firme que una roca

Es claro que no puedo descansar en mis emociones ni quedar atrapado por mi pasado. Tampoco puedo enfocarme en mi debilidad, mis fracasos o mi impotencia o confiar en mis propias fuerzas para batallar ante cada situación. Descansar en Dios significa poner mi pasado en sus benditas manos, vivir el presente acudiendo cada día a su trono y no temer al futuro pues sé que mi futuro está firmemente afianzado en las manos de Dios. ¡Alabado sea su nombre!

La Palabra de Dios es una fuente de agua fresca para enfrentar los problemas y para aprender a descansar en Dios. A través de su Palabra aprendemos que Dios es fiel y que siempre vela por nosotros. No lo aprendemos únicamente por los consejos de la Biblia sino porque vemos la mano de Dios actuando sobre su pueblo cada vez que éste lo necesitó. Tenemos el privilegio de ver la providencia de Dios actuando en las vidas de los santos y hacerlo desde este lado de la historia. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, tenemos vidas completas y cómo Dios actuó en cada ocasión. Acudamos cada día a la Palabra de Dios a fin de conocer más de él; esto afianzará nuestra confianza en Dios y nos permitirá vivir cada día confiados en él.

A través de la Biblia aprendemos sobre Jesucristo quien habitó entre nosotros, sufrió y murió por nuestros pecados, resucitó al tercer día y está sentado a la diestra del Padre, intercediendo por nosotros.

Recordemos que Dios nos ama con amor eterno y que nunca nos desamparará ni nos olvidará, aunque nosotros le fallemos. Él es siempre fiel y está profundamente comprometido a terminar en nosotros la obra comenzada por Jesucristo.

Por lo tanto, cuando los problemas te agobien, «no temas y reconoce que él es Dios.» Espera en él en silenciosa sumisión. Recuerda que la protección y la provisión de Dios prevalecen ante todo.

¿Estás pasando por una situación particularmente angustiante? Descansa en Dios y él actuará. ¿Difícil? Probablemente. Pero poderosamente efectivo. Que Dios nos ayude a descansar cada día en él.

Sería bueno que nuestros queridos lectores compartan sus experiencias de ver la mano de Dios actuando en sus vidas. Conocer cómo Dios actuó en casos particulares nos ayudará a todos a depositar nuestra confianza en Dios cada día. Esperamos sus comentarios y que Dios los bendiga.
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Impacto de Dios en la vida de un ladron!!!


«Sucedió en la colonia La Rábida, de la ciudad de San Salvador. Era la casa en que yo vivía, donde tenía varios paquetes que contenían Biblias. Un día, mientras almorzábamos, oímos un ruido en el patio trasero. Fui a ver qué sucedía, pero no había nada raro. Me puse a andar alrededor del patio y, en efecto, allí entre las flores que había alrededor del patio encontré uno de esos paquetes de Biblias. Lo recogí extrañado y, al examinar las Biblias, había una carta en una de ellas, que decía: “Perdóneme, señor. Yo no sabía que lo que robaba era esto. He leído algunas frases de uno de estos libros, y me he dado cuenta de que no hago bien en quedarme con ellos. Ruego que me perdone.”

»Eso era todo. No había firma, ni fecha ni procedencia. Una sencilla nota escrita por alguien que apenas podía deletrear, por alguien que además era un ladrón.»

Esa anécdota de una de sus vivencias la contó el Hermano Pablo por la radio antes de que «Un Mensaje a la Conciencia» comenzara a transmitirse también por televisión, cuando él aún conservaba frescas en la memoria las experiencias que tuvo durante los veintiún años que vivió en la República de El Salvador.Biblia 8

«¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué sintió este hombre esa convicción? ¿Qué lo hizo arrepentirse? —nos hizo reflexionar en aquella ocasión el Hermano Pablo al comenzar a hacer su acostumbrada aplicación a la vida diaria—. Fue algo que todos tenemos —señaló, a fin de que todos sus radioescuchas se dieran por aludidos—: algo que tienen cada hombre, cada mujer y cada niño; algo que no se aleja de nosotros; algo que nos inquieta mientras no le hagamos caso. Ese algo se llama “conciencia”.»

Luego el Hermano Pablo expuso el origen de nuestra conciencia: Dios nos la dio «para dirigirnos… para ayudarnos a no infringir las leyes que gobiernan esta vida… para que comprendiéramos cuáles son sus deseos para nosotros… para que, obedeciéndola, hallemos paz y gozo y tranquilidad».

Pero junto con la conciencia, añadió el Hermano Pablo, «Dios también nos dio libre albedrío, voluntad propia, para que nosotros decidamos si queremos obedecerla o no. Usted, mi amigo, decide —concluyó el Hermano Pablo, apelando a la conciencia de cada oyente—, y como usted es el que decide, usted sufre la consecuencia al desobedecer sus dictámenes.»

Más vale que le hagamos caso al Hermano Pablo y a nuestra conciencia, de la que habla la Biblia, ese Libro Sagrado que mereció el temor y el respeto del ladrón de la anécdota. De hacerlo así, comprenderemos que no es sólo cuestión de justificarnos con un ser humano, como lo hizo aquel hombre con el Hermano Pablo, sino de dirigirnos directamente a Dios para pedirle que nos justifique mediante su gracia.

Y habiendo leído algunas frases de su Libro, podremos citarle a Dios las siguientes, como pudo haberlo hecho también el ladrón arrepentido: «Tú eres mi Señor… que me aconseja[s]; aun en las noches me enseña mi conciencia… En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti… descarriado andaba, pero ahora guardo tu palabra…. De todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra.» Sal 16.:2, 7; 119.11, 67, 101 (RVR1960)

Fuente: labibliaweb.com
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miércoles, 19 de mayo de 2010

El Sutil Antídoto de la Fe


Mucha es la gente que dice que la fe es algo sencillo. Y es verdad. Jesús mismo demostró que con sencillez y firmeza, en materia de fe, se podía llegar muy lejos. Ahora bien: hecha la ley, hecha la trampa, dice un viejo proverbio argentino. Para cada bendición de Dios, Satanás intenta, - y a veces lo consigue -, fabricar un paralelo, una imitación que a muchos, por falta de conocimiento, discernimiento y unción, los engaña con preocupante facilidad.

Si la fe que proviene de la gracia de Dios es tan sencilla, - y de hecho que lo es -, ¿Cómo nos encontramos, (Y el propio Jesús se lo planteaba), con tanta falta de fe en los hombres? Porque la fe auténtica y real, tiene un sutil enemigo: el pecado. Pero no el pecado genérico aunque lógicamente tiene mucho que ver, sino un pecado específico, abundante y cada día más proliferante en el pueblo de Dios. De eso vamos a hablar aquí, en este trabajo: de El Sutil Antídoto de la Fe.

¿Cuánta gente ha oído usted hablar del pecado de avaricia, o del materialismo? Son reales y existen; dañan y perturban, pero no son ellos los enemigos de la fe. ¿Y la ira? ¿Y la lascivia? También hemos hablado de la hipocresía, los homicidios, el adulterio y hasta de los falsos juramentos. Son pecados, obviamente; atacan la raíz de la fe en el hombre. La hieren, la deterioran, pero no son los gestores de lo que estamos hablando porque, - y creo que salta a la vista -, estos pecados no son sutiles.

Detengámonos y pensemos. Una vez que hemos decidido confiar en Dios con una fe sencilla y permitirle una completa libertad para llevar a cabo su plan y propósito en nosotros, sólo necesitamos descansar y contar con Él para que se ocupe de las cosas que antes tratábamos de tener bajo nuestro control. “Dios es poderoso para manejar esto”, debemos decirnos. Pero en un momento de debilidad el adversario de las almas puede murmurarnos una duda o dos en el oído:

“De acuerdo… ¿Pero qué pasa si…?” Bueno: si esa duda nos hace tambalear, ese pensamiento vuelve en medio de la noche y activa nuestra imaginación metiéndonos en un nivel regular de perturbación sino directamente en el pánico, hemos sido inmovilizados en nuestra fe. ¿Ya se dio cuenta por qué? Exactamente: por el más notorio asesino de la fe en toda la vida, aunque deberíamos llamarla, en realidad, asesina: La Ansiedad.

(Mateo 6: 25)= Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Para entender qué significa la ansiedad, hay que ir al origen, a la raíz de la palabra. La palabra que usa Mateo, aquí, y que traducida es “afanarse”, es la palabra MERIMNAO. Es una combinación de dos palabras pequeñas: MERIZO, que significa “Dividir”, y NOUS, que quiere decir “Mente”. En una palabra, la persona que está ansiosa, sufre de una Mente Dividida. ¿Y qué ocurre con una persona que tiene la mente dividida? Entre otras cosas, lo mantiene inquieto y distraído. La palabra inglesa para Ansiedad, es la palabra WORRY, proviene del alemán WORGEN, y significa “Ahogar”. Ahora observe este texto que sigue:

(Mateo 4: 18-19)= Estos son los que fueron sembraos entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes (MERIMNAO) de este siglo (KOSMOS-sistema) y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan (WORRY-WORGEN) la palabra, y se hace infructuosa.

¿Podemos entender esto? Los clásicos afanes de este mundo, ahogan la palabra, haciéndola infructuosa. Es decir: la ansiedad ahoga la buena palabra de Dios que ha sido sembrada, haciéndola inefectiva y hace que aquellos que una vez anduvieron en una fe sencilla, se conviertan en gente improductiva.

De todas las historias bíblicas que ilustran la ansiedad, ninguna es más práctica o clara que la que aparece en los últimos cinco versículos de Lucas 10. Jesús llega a la casa de sus amigos en Betania. Imaginando el día que había tenido, más que atenciones o confort, buscaba un sitio tranquilo donde descansar en compañía de gente que no lo presionara, que lo comprendiera y que, de algún modo, aunque suene medio irreverente, le posibilitara un leve “desenganche” de la presión cotidiana que llevaba sobre su carne. Marta transformó el momento ese en un verdadero frenesí. Para colmo, María que había entendido el tema, hizo exactamente todo lo contrario.

(Lucas 10: 38-40)= Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres.

Fíjese: dos posiciones totalmente diferentes. Marta veía, en la visita de Jesús, una oportunidad para agasajarlo. Entonces limpió, barrió, hizo las compras, cocinó, preparó la mesa; en fin, todo aquello que se hace cuando hay una visita. ¿Usted no la hubiera ayudado si hubiera estado allí? María, por el contrario, no hizo absolutamente nada de esto; yo me la imagino medio embobada bebiendo y tragando palabra y sabiduría. Era obvio: Marta se enojó.

…Acercándose, dijo: Señor, ¿No te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.

Vamos a ponernos de acuerdo en algo: esto no es un texto que solamente se puede encontrar en la Biblia, no es así? Es tan natural, tan vívido y, aparentemente, tan justo el reclamo de Marta que dudo que exista alguna lectora mujer que no sea capaz de comprenderla. Y si me presiona un poco, hasta le podría decir que podría apoyarla en su queja. Sin embargo, Jesús veía las cosas desde otro ángulo.

(Lucas 10: 41-42)= Marta, Marta, afanada (AHOGADA) y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Aquí vemos un simple caso de mente dividida. Marta tenía tanta confusión ante la presencia de Jesús, que su reacción fue la de tratar de hacer un sinnúmero de cosas, todas al mismo tiempo. Trató, - como lo hacemos todavía muchos de nosotros -, de asumir responsabilidades por cosas que están fuera de nuestro control. La respuesta de Jesús tuvo que ver con un mensaje simple: “Marta… Tú necesitas muchísimas cosas menos de todas las que te preocupas en hacer. ¡Necesitas de una sola, te diría!” Este es un ejemplo clásico de fe sencilla. Es como si Jesús le estuviera diciendo: “¡A mí me basta con un pedazo de pan, Marta! YO aquí no vine a comer ni a disfrutar; vine a dejar más de mí. Fíjate, María me entendió…”

¿Y qué hay de malo en la ansiedad? Simple. Es incompatible con la fe; no se mezclan. Agua y aceite. ¿Y cómo podemos vencerla? El texto de Marta y María nos deja tres principios que podemos extraer como ayuda:

1)= Tener expectativas realistas. Marta puso su corazón en muchas esperanzas y sueños. Fue llevada por el idealismo. María, en cambio, tenía una sola cosa en su mente: sentarse y estar tranquila en la presencia del Señor.

2)= Negarse a asumir el papel de Dios. Marta tenía un plan de acción y se convenció de que ese plan, también era el plan de Dios. Se permitió reprender a Jesús por no entenderlo. Cuando vio que María no iba a la cocina, se metió como cuarto miembro de la Trinidad y le exigió al Señor que se adaptara a eso. Muy similar a muchas conducciones eclesiásticas de nuestro tiempo, ¿Verdad?

3)= Recordar el carácter de Dios. ¿Dios es bueno? ¿Dios es justo? ¿Es bondadoso? ¿Es confiable? ¿Es fiel? Los afanosos como Marta tienden a olvidar que el Señor es siempre capaz de manejar cualquier situación.

Hay un detalle clave que le va a enseñar a usted a conocer a los afanosos o, en una de esas, a conocerse a usted mismo: Los afanosos son, generalmente, gente insatisfecha. Siempre hay algo que no está bien. Cuando una cosa se arregla, aparece algo fuera de lugar. El contentamiento con la forma en que son las cosas es un cuadro mental que les resulta extraño. Lo que es finalmente no se disfruta por causa de lo que podría ser. Cualquiera que intente vivir así, debe estar listo para una vida de insatisfacción. Le va a servir este pequeño texto que un día escribió un adolescente de catorce años llamado Jasón Lehman.

“Era primavera, pero yo quería el verano, los días cálidos y tiempo al aire libre. / Era verano, pero era otoño lo que yo quería, las hojas de color nuevo, el aire fresco, inquieto. / Era otoño, pero era invierno lo que yo quería, la hermosa nieve, el panorama opaco. / Era invierno, pero era primavera lo que yo quería, el aire tibio y la naturaleza en flor.

Yo era niño, pero quería ser adulto, ser libre y respetado. Tenía veinte, pero eran treinta los años que quería, ser maduro y circunspecto. / Era de edad mediana, pero era tener veinte años lo que quería, y la libertad de los sueños. / Era un retirado, pero quería la edad madura, la presencia de ánimo, sin limitaciones.

Un día, se me acabó la vida, y descubrí que nunca tuve lo que quise.”

Jesús incluyó el tema de la ansiedad en su mensaje en la montaña. Es más: le otorgó una importancia bastante grande. Sólo que hay que leerlo bajo la guía del Espíritu Santo, sino no puede pasar de lo dicho textual, lineal y literal.

Cuando dice: No os hagáis tesoros en la tierra, lo que quiere decir es que saque usted sus ojos de lo natural, de lo horizontal, que levante los ojos al cielo aunque no vea nada, ¡Porque es por fe, no por vista!

No podéis servir a Dios y a las riquezas. Esto no es un aval para la Teología de la Pobreza. No existe tal cosa en el reino. Es avivarlo a usted que tiene metas (O la misma mente) divididas (MERIMNAO) Por eso es que salta, - aparentemente en forma antojadiza -, de la persona afanosa a la persona esclavizada por cosas terrenales. Es lo mismo...

¿Quiere leerse el capítulo 6 de Mateo bajo una nueva perspectiva? Con subtítulos y todo: Del verso 1 al 18: No sea Fanfarrón; es una advertencia muy clara contra el exhibicionismo, contra el hacer rostro, el ser un “careta” espiritual.- Del 19 al 24, No se Doblegue; es una advertencia contra las formas de caer en las trampas del materialismo.- 25 al 32: No sea Ansioso; es un detalle de todo aquello por lo que no tiene que preocuparse y que es, curiosamente, las cosas por las que más frecuentemente vivimos preocupados.- Finalmente, los versos 33 y 34, Vaya Despacio, no se apure: le muestra que no tiene que hacerse un drama hoy por lo que tiene que ver con el mañana. Ahora bien; como texto anti-ansiedad, trate de leer muy despacio, masticando cada palabra y, si es posible, en voz alta para que al escuchar su propia voz se esté predicando a usted mismo, desde el verso 25 hasta el 34. Es su tarea para este día en cuanto termine de leer este trabajo.

¿Usted se da cuenta que en cada ocasión que le dice que no esté afanoso, lo que en verdad le está diciendo es MERIMNAO? Es decir: que no tenga su mente dividida? Mente doble, vida doble, mensaje doble. ¿Recuerda a Santiago 1:8? El dice que una mente doble, trae una vida de permanente inestabilidad. Inestabilidad emocional, anímica, espiritual, económica, por qué no?

Vivimos acosados y perseguidos sea por lo que se cree que puede pasar, o por lo que ya ha sucedido. Y lo peor es que no podemos cambiar ninguna de las dos cosas. Entonces nos volvemos miedosos e inseguros, y si esta suma no me falla, a largo o mediano plazo, también agresivos o lo que es mucho peor: violentos. Hay cosas a las que les tenemos miedo, que seguramente nunca ocurrirán. Pero mientras tanto, ¿Quién nos saca el susto vivido? Mire: si hubiera llevado usted un registro de las cosas por las cuales ha tenido miedo durante los últimos... digamos... diez años, se va a dar cuenta que el noventa por ciento de esas cosas, jamás llegaron a suceder. Pero en muchas ocasiones no le dejaron dormir por días o semanas...

Un buen ejemplo es una historian que tiene como protagonista a Thomas Carlyle. Dice que en su casa de Chelsea, en Londres, muestran una habitación a prueba de ruidos, una especie de compartimento abovedado, que Carlyle había construido en su casa de modo que el ruido de la calle no entrara y él pudiera trabajar en silencio ininterrumpido. Sin embargo, uno de sus vecinos tenía un gallo que se hacía oír vigorosamente varias veces en la noche y por la mañana temprano. Cuando Carlyle protestó ante el dueño del gallo, éste le señaló que sólo cantaba tres veces en la noche y que, después de todo, eso no podría ser de demasiada molestia. “Ah, pero usted no sabe, - le dijo Carlyle -, todo lo que sufro esperando que cante...”

Quiero que se entienda que es por algo la permanente amonestación del Señor: “¡No os afanéis! ¡No estéis ansiosos!” Entendamos, definitivamente, que esta no es una serie de blandos consejos ni discretas sugerencias: son MANDAMIENTOS. ¡No hagan eso! En otras palabras: ¡Terminen con eso!

Prestemos atención a tres aspectos muy claros que él identifica: no estemos ansiosos por nuestra vida; no estemos ansiosos por nuestras necesidades: (Qué comeremos, beberemos, vestiremos. Carlos Spurgeon le llamaba a esto “La trinidad terrenal de la preocupación”) No estemos ansiosos por el mañana: (Seguramente habrá un poco más de recesión, crecerá la tasa de desempleo, quizás van a subir los alquileres, va a faltar el dinero el año que viene, va...)

Tengo familiares en Los Angeles. ¿Se imagina cuánto han oído sobre advertencias macabras y apocalípticas sobre la probabilidad de que ocurra el peor terremoto de toda la historia? Hay posibilidades geológicas, es cierto: la famosa falla de la corteza terrestre en esa zona, pero eso no significa que los que viven en esa zona tengan que hacerlo con el corazón en la boca y clamando por no quedar en cualquier momento debajo de una pila de escombros. ¡De ninguna manera! ¡Un cristiano no puede vivir así!

Esto, sin embargo, no quiere decir que no se tengan que tomar los debidos recaudos, tanto en el tipo de construcción que se hace como en las mínimas normas de seguridad que se necesitan. Jesús jamás defendió un estilo de vida irresponsable o descuidado, pero de allí a vivir con eterno miedo, jamás. ¿Qué se ganaría con eso? Piense en todas las fuerzas anímicas que se habrían gastado en esa permanente zozobra, en toda la suma de temor desesperanzado y, fundamentalmente, lo que esa forma de vida le habría hecho a las mentes de las personas. Sí señor: la ansiedad no sólo es incompatible con la fe sino que la succiona, la absorbe, la saca de nuestros corazones. La esperanza, es el único combustible que tenemos para mirar al futuro. Si le sacamos la esperanza, el futuro se desvanece.

El texto de lo dicho por Jesús no nos da todas las respuestas a todas las preguntas, pero sí nos plantea algunas de las cuestiones más agudas. Mire:

1)= ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? La respuesta es, naturalmente, sí.

2)= Después de mencionar a los pajaritos y cómo Dios los alimenta, aparece otra pregunta que nos tiene que inquietar: ¿No valéis mucho más que ellos? Obvio: absolutamente, sí.

3)= Luego plantea una cuestión en cuanto a la ineficacia, la completa falta de valor de la ansiedad. ¿Quién de ustedes, por más que se lo proponga, puede agregarle veinte centímetros a su estatura? ¿O un día más a sus vidas? Ah, sí; ¡Allí hay algo en qué pensar!

4)= La cuarta pregunta ataca el tema de la motivación: ¿Por qué están ustedes ansiosos por lo que visten? Esas preguntas con un “por qué” realmente son penetrantes, no?

5)= La última pregunta nos obliga a pensar teológicamente... Y son pocos los que lo hacen. ¿Dios no hará por nosotros mucho más de lo que hace, por ejemplo, por las flores del campo o por el césped que crece silvestre en la pradera?

Estas cinco preguntas prueban nuestros deseos temporales, nuestro valor en la estimación de Dios, nuestros motivos ocultos, nuestra teología, nuestra perspectiva. No se trata de meter la cabeza bajo tierra. Nadie puede predicarle a usted que deje de pensar y que pase a vivir en una especie de Tierra de la Fantasía, donde Dios cocina, sirve la mesa y lava los platos y usted sólo se sienta y come, no. Como creyentes responsables y pensantes, debemos ocuparnos de las demandas de cada día... pero lejos de la ansiedad que infesta e infecta a los paganos que no tienen a Dios.

Mirando este texto nos encontramos con dos ilustraciones que se destacan bastante. Primera, la que concierne al alimento. Mirad las aves del cielo. Me imagino un par de pájaros vulgares palestinos justo en ese momento volando en esa dirección. Él los habrá señalado con el dedo y la gente habrá recapacitado que, efectivamente, esos pájaros jamás trabajan, pero no pasan hambre. Recordarnos después que nosotros, pese a nuestras flaquezas, somos “mucho más” que esos pájaros, le tiene que dar a usted la certeza de que si el Padre cuida de las aves, cuidará también de nosotros. Pero hay algo más en relación a las comparaciones con el mundo animal:

Ningún pájaro trató jamás de construir mayor cantidad de nidos que su vecino, ni mejores, ni más llamativos.

Ninguna zorra se sintió frustrada porque tenía una sola cueva donde esconderse y criar sus cachorros.

Ninguna hormiga jamás sufrió un ataque de depresión porque no pudo almacenar suficiente alimento como para dos inviernos en lugar de uno.

Ningún oso sintió jamás envidia de otro oso porque éste tuviera una caverna más grande donde pasar el invierno.

Ningún perro jamás perdió una noche de sueño por el hecho de que no había amontonado suficientes huesos para cuando fuera viejo. Y sin embargo, nuestro Padre celestial cuida maravillosamente de todas sus criaturas. ¡Qué inútil que es la ansiedad!

Segunda: en lo que toca al vestido: Considerad los lirios del campo cómo crecen. No hacen comparaciones ni se quejan; simplemente crecen y florecen, crecen y florecen. Cada vez que son plantados, crecen... y sea que se los mire, se los alabe o se los contemple, o sea que absolutamente nadie los vea y que ni siquiera se den cuenta que existen, crecen y florecen, crecen y florecen. Como lo dijo Jesús, ni siquiera Salomón en el punto cumbre de su próspera carrera, usó ropas más principescas o coronas más enjoyadas que los lirios que adornaban los campos alrededor de su palacio. Y mientras sus esplendorosas residencias alojaban más ansiedad y dolores de cabeza de lo que podemos imaginar, esos lirios crecían y florecían afuera libres de ambas cosas.

De los pájaros y de los frágiles lirios del campo aprendemos la misma verdad, que es tan importante para aquellos que desean una vida de sencilla fe: Dios cuida de lo que es suyo. Sabe sus necesidades, conoce de antemano sus crisis, se compadece de sus debilidades, está listo para acudir en su socorro. Y en el momento justo viene y demuestra ser su Padre celestial. Y buscarlo...

(Mateo 6: 33-34)= Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

¿Realmente queremos vivir una vida libre de ansiedad? Es decir: ¿Deseamos seriamente librarnos de esas distracciones mentales y esos drenajes emocionales? Si es así, estos versículos finales de Mateo 6 ofrecen las dos palabras claves para entrar a un nuevo modo de existencia: prioridades y sencillez.

Prioridades: pongamos primero las cosas que son primeras. Cada mañana, al levantarnos para enfrentar el día, digamos al Señor: “Hoy, Señor, mi deseo es buscar... tu justicia. Pasare lo que pasare, sea lo que fuere que encuentre, que esté consciente de tu presencia y dependa de tu fuerza. Que la agenda de tu reino sea mi primera prioridad, mi pensamiento preeminente. Este día es tuyo, Señor”.

Si la lectura del versículo 33 es correcta, todo aquello por lo que una vez nos afanamos y nos inquietamos se pondrá en su lugar. A medida que nos preocupemos cada vez más por darle a Él la primera prioridad, nos cuidamos cada vez menos por las cosas que alguna vez nos “ahogaron” emocional y espiritualmente, robándonos la paz. Además, ¿Quién va a decir que las cosas son tan malas como parecen? Por lo general, he descubierto después que estaban ocurriendo cosas buenas aún cuando parecía que nada andaba bien.

Con frecuencia, créame, las cosas no son tan malas como las pensamos. Podemos ver una botella a la que le falta la mitad de su contenido o la misma botella de la cual hemos consumido esa mitad.

Sencillez: Vivamos un día a la vez. Ya lo hemos oído antes: no contaminemos el día de hoy con los problemas de mañana. Neguémonos, - Sí, neguémonos -, a permitir que el lago de los afanes del mañana vierta sus aguas en el lago de hoy. ¡El día de hoy ya es bastante desafío! Y como usted va a necesitar nuevas fuerzas y nueva visión para manejar lo que el mañana le tire en la cara, espere antes que amanezca antes de ocuparse de ello. Algunas de las cosas que hagamos hoy pueden parecer totalmente insignificantes a la luz de lo que nos espera mañana, pero siga en ellas. Mantenga la vida libre de complicaciones. Hagamos lo que debemos hacer hoy y, para nuestra sorpresa, eso quizás hará la gran diferencia en el mundo cuando nos despertemos mañana. Y mientras lanzamos este desafío, nunca subestimemos la importancia de las pequeñas tareas que debemos llevar a cabo cada día. No pensemos que alguna pequeña contribución que hacemos en un día dado no merece el esfuerzo o no hará ninguna diferencia mañana.

En un libro que se llama “La Caída de la Fortaleza”, Elmer Bendiger cuenta la notable historia de una Fortaleza Volante B-17 que fue en una misión de bombardeo sobre Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Recibió algunos impactos directos de los cañones antiaéreos alemanes, de hecho, algunos en el mismo tanque de combustible. Milagrosamente, la deteriorada máquina regresó sin explotar ni quedarse sin combustible.

Después de aterrizar, once proyectiles de veinte milímetros sin explotar fueron removidos cuidadosamente del tanque del bombardero. Todos fueron desarmados y examinados. Para sorpresa de todos, no había material explosivo en ninguno de los once. ¿Por qué? ¿Cómo estaba sucediendo eso? ¿Para qué el enemigo estaría disparando con cápsulas vacías? El misterio se resolvió cuando se encontró una nota dentro de una de esas cápsulas vacías. Estaba escrita en checo, y al traducirla, decía: “Esto es todo lo que podemos hacer por ustedes ahora”.

Un miembro del movimiento subterráneo checoslovaco, que trabajaba en una fábrica nazi de municiones, había omitido deliberadamente los explosivos por lo menos en once de las cápsulas de su línea de montaje. Sin saber si alguno de sus esfuerzos saboteadores tendría efectividad, deslizó la nota en una de las cápsulas, esperando que alguno se beneficiaría con sus esfuerzos y sus riesgos y descubriría por qué.

Esa persona quizás murió preguntándose si la tranquila acción que realizaba para subvertir la maquinaria bélica del enemigo tendría alguna diferencia en el resultado de la guerra. Sin embargo, siguió en ella, haciendo lo poco que podía, día tras día, dejando que el futuro se ocupara de sí mismo... Y en verdad que fue así. Allí estaba la tripulación de la Fortaleza Volante que debía agradecerle por sus vidas y su futuro.

“Cada día tiene su mal”, dijo Jesús, insistiéndonos que hagamos sólo lo que debe hacerse hoy. Aquellos que aprenden a vivir de ese modo han dado un gran paso hacia la derrota del sutil enemigo de la fe sencilla, del antídoto que la fe tiene para que su efecto resulte menos devastador en las filas del enemigo.

Fuente: tiempodevictoria.com.ar
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martes, 18 de mayo de 2010

El Engaño en Tiempos Modernos

Existe una idea fija en la mente de los creyentes de hoy, y es que los verdaderos creyentes que buscan a Dios no pueden ser engañados por el diablo. Esta es otra más de las mentiras de Satanás por medio de la cual busca llevar a los hermanos a una falsa posición de seguridad. La misma historia de la iglesia nos demuestra que esta idea es falsa, pues cada “dardo del error” que ha tenido su amaro fruto, tuvo su origen en la mente de los devotos creyentes que eran ciertamente “honestos” y buscaban al Señor. Ellos han sido los primeros que admitieron las falsedades del maligno, que les indujo a practicar el error “con apariencia de piedad”.

Los espíritus mentirosos han aprovechado la oportunidad que ellos les han dado al querer obedecer LITERALMENTE la palabra de Dios, empujándolos a niveles de una verdad desequilibrada con las consiguientes prácticas erróneas. Lamentablemente estos estimados cristianos se han aferrado solamente a la “letra” dejando de lado las mismas palabras de las Escrituras, donde en 2 Corintios 3:6, dice: …el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, más el espíritu vivifica. Muchos de los que han sufrido por su ciega adhesión a estos “mandatos bíblicos” se creen que han sido verdaderos mártires por Cristo.

Después del avivamiento de Gales, el cual fue una verdadera obra de Dios, hubo una “segunda generación” de creyentes que resbalaron y cayeron bajo el engaño de los poderes del diablo, precisamente por no haber sido capaces de distinguir sus obras de falsificación de las verdaderas obras de Dios. En los últimos años ha habido muchos otros “movimientos” con un gran número de seguidores que cayeron en el engaño por medio de los dardos de los espíritus mentirosos, simuladores de obras de piedad que no eran tales y ante las cuales estos “honestos” hijos de Dios quedaban deslumbrados. Estos creyentes deberían haberse arrepentido para volver a “su buen sentido” y escapar del lazo del diablo, del cual estaban cautivos. No debemos olvidarnos que una imitación no es el original, pero puede llegar a parecerse de modo tal que engañe aún a los más conocedores.

¿Por qué un creyente puede ser engañado por Satanás? Por varias razones. 1)= Cuando un hombre se convierte en hijo de Dios por la regeneración del Espíritu al haber creído en la obra expiatoria de Cristo, no recibe de una sola vez todo el conocimiento espiritual acerca de Dios, de sí mismo, o del diablo.

2)= La mente que está oscurecida por naturaleza y que permanece bajo un velo creado por Satanás sólo puede ser renovada y dicho velo destruido en la medida que la luz de la verdad penetre en ella y de acuerdo a la medida que el creyente sea capaz de asimilarla.

3)= El “engaño” tiene que ver con la mente y significa un pensamiento erróneo admitido en la mente bajo el engaño de que es verdadero. Puesto que el engaño se basa en la ignorancia y no en el carácter moral, un cristiano que sea “verdadero” y “fiel” hasta la medida del conocimiento que posee, está, por lógica, abierto al engaño en la esfera donde es ignorante en cuanto a las “estratagemas” del maligno. Esto significa lisa y llanamente que: estamos expuestos a ser engañados por el diablo a causa de nuestra ignorancia.

4)= El pensamiento de que Dios protegerá a un creyente de ser engañado por el enemigo por el hecho de que sea fiel y verdadero es, en sí mismo, un engaño, porque tal pensamiento hace que el creyente se ponga fuera de su posición de guardia y vigilancia y porque además deben haber ciertas condiciones de su parte para que esta protección divina se haga efectiva. Dios no hace nada de lo que el hombre puede hacer, sino más bien por medio de su cooperación con Él. Dios ya ha dado al creyente conocimiento suficiente por medio del cual puede prevenirse de ser engañado.

5)= Si no fuera así el Señor no hubiera advertido a sus discípulos las muchas veces que lo hizo, según lo registran las Escrituras. El conocimiento de que es posible caer víctima del engaño del maligno mantiene la mente abierta a la verdad y a la luz de Dios y es una de las condiciones primordiales para que el mismo Señor nos guarde, mientras que una mente cerrada a la luz y la verdad es una garantía de que será engañada por Satanás en la primera oportunidad que este tenga.

Mirando retrospectivamente la historia de la iglesia y prestando atención a las muchas “herejías” que han aparecido podemos localizar el origen del período de engaño con alguna gran crisis en la cual el hombre, dejando sus facultades inactivas, se “abandonó” a la influencia del Espíritu Santo sin saber que al hacerlo de una manera impropia se estaba exponiendo a los poderes del mundo invisible.

El peligro de una actitud tal es que mientras el creyente utilice sus facultades racionales de juzgar lo recto y lo errado podrá seguir obedeciendo la voluntad de Dios desde un principio firme. Ahora bien, cuando se abandona a “las influencias espirituales” empieza a obedecer a una “persona invisible” y somete sus facultades y razonamiento en ciega obediencia a lo que cree que viene “de parte de Dios”; la voluntad humana rendida que busca llevar a cabo la voluntad de Dios a cualquier costo y sin la cooperación de sus facultades, como su razonamiento y su inteligencia queda sujeta a los poderes del mundo invisible. El creyente cae entonces en un terreno donde cree que todo lo “sobrenatural” tiene que venir de Dios y donde carece de entendimiento y conocimiento para discernir lo falso de lo verdadero. Este es uno de los riesgos más grandes y más graves que pueda correr un hijo de Dios. Habría que analizar profundamente en casos así si ese paso de rendimiento a “obedecer al Espíritu” ha sido dado en armonía con lo que dice al respecto la Palabra de Dios, pues habiendo sido testigos de la manera como tantas almas han resbalado y hasta naufragado en ese intento, es difícil pensar que una actitud completamente escritural sea causa de un peligro tan inminente.

(Hechos 5: 32)= Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

Este es el versículo en el que se basan los que defienden la posición de “obedecer al espíritu”. Fue usado por pedro ante el concilio de Jerusalén, pero todo el pasaje necesita un estudio cuidadoso para poder interpretarlo correctamente. Pedro, también dijo en el Sanedrín, tal como se lo lee en Hechos 5:29, que …hay que obedecer a Dios antes que a los hombres, y luego dirá lo que ya vimos: …Y nosotros somos testigos… y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. ¿Qué quiere decir Pedro con estas palabras al Sumo Sacerdote: ¿Obedecer al Espíritu u obedecer a Dios? La distinción es importante y el orden de las palabras sólo puede interpretarse correctamente cotejando este pasaje con otras partes de las Escrituras, de donde se desprende la enseñanza que hemos de obedecer al Dios trino en los cielos por medio del Espíritu Santo que mora en nosotros. El colocar al Espíritu Santo como el objeto de la obediencia, antes que Dios, el Padre, a través del Hijo, por medio del Espíritu, crea el peligro de llevar al creyente a fiarse u obedecer a un “espíritu” dentro o alrededor de él en vez de al Dios de los cielos. El creyente, unido al Hijo de Dios, debe obedecer a Dios. Entonces, ¿Cuál es la función del Espíritu Santo? Ser el medio a través del cual Dios es adorado y obedecido.

El Espíritu Santo no debe ser el centro u objeto del pensamiento o la adoración. Ni siquiera Él mismo se ha colocado en ese lugar. Las escrituras nos dicen con toda claridad en Juan 16:13: Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber todas las cosas que habrán de venir. Será un maestro, conforme a Juan 14:26: Más el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. No dará testimonio de sí mismo, sino de otro, tal como vemos en Juan 15:26: Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí. Glorificará a otro, no a sí mismo, según Juan 16:14: El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. En suma y síntesis: su obra será la de guiar a las almas a una unión con el Hijo y al conocimiento del Padre de los cielos.

Si una persona que no tiene conocimiento sólido de lo que dicen las Escrituras sobre la obra de la Trinidad intenta “obedecer al espíritu” como propósito supremo, el engañador tratará por todos los medios de falsificar la guía del Espíritu y hasta, si es posible, su misma presencia.

Es en ocasiones como estas cuando la ignorancia del creyente en cuanto al mundo espiritual, la obra de los poderes de las tinieblas y las condiciones sobre las cuales Dios obra en y a través de él, le dan al enemigo la gran oportunidad que estaba esperando. El peligro es real para cualquier creyente, a menos que esté preparado e instruido como lo estuvieron los apóstoles después de pasar tres años junto al Señor, recibiendo enseñanza directa de Él. El peligro principal radica en ubicarse en el terreno de la “guía sobrenatural” cuando no se es capaz de discernir la verdadera voluntad de Dios de las falsas manifestaciones del enemigo, que pueden expresarse en forma de: profecías, lenguas, sanidades y otras experiencias espirituales conectadas con la obra del Espíritu Santo.

Aquellos que tienen sus ojos espirituales abiertos para entender el combate, que presentan las fuerzas malévolas del reino espiritual, se darán cuenta que muy pocos creyentes pueden decir sin temor a equivocarse que están realmente obedeciendo únicamente a Dios en sus vidas. Los factores que intervienen en la vida del creyente son muchos; su propia mente, espíritu o voluntad, y además las repetidas intrusiones de los poderes de las tinieblas. Todas estas cosas más las opiniones y los consejos no siempre acertados de otros cristianos, hacen bastante difícil, (Si bien no imposible), que el creyente viva obedeciendo únicamente a Dios en todo momento.

Hay un discernimiento que es un don espiritual y que capacita al creyente para discernir o distinguir los espíritus, pero este ejercicio también requiere un conocimiento o doctrina para distinguir entre la doctrina que es de Dios y las doctrinas o enseñanzas de los malos espíritus. Hay creyentes que mediante el don de discernir los espíritus pueden detectar qué clase de espíritu es el que está obrando. Luego existe una prueba de los espíritus, la cual es doctrinal. En el primer caso el creyente puede saber por el espíritu de discernimiento, que hay uno o más espíritus mentirosos en una reunión o en una persona, pero sin embargo no tiene el entendimiento necesario para probar las doctrinas que presenta un maestro de la Biblia. En ambos casos necesita conocimiento, ya sea para distinguir un espíritu mentiroso, (Aunque todas las apariencias sean contrarias), como para saber con certeza que la enseñanza impartida proviene de Dios.

En la obediencia personal a Dios el creyente puede detectar si está obedeciendo a Dios en algún “mandamiento”, juzgando los frutos o consecuencias que este tiene y poniéndolo en armonía con el carácter de Dios. Para ello ha de ponerlo frente a estas verdades: a) Dios siempre tiene un propósito en sus mandamientos, y b) Él nunca ordenará algo que no esté en armonía con su carácter y su palabra.

Para discernir mejor la obra y los métodos de los malos espíritus es necesario un examen cuidadoso de las teorías, expresiones y conceptos modernos que tienen que ver con las cosas de Dios y su manera de obrar en el hombre. Sólo la verdad de Dios puede proporcionar la protección necesaria para el conflicto con los espíritus malignos en esferas celestiales.

Todo lo que sea en algún grado el producto o resultado de la mente del “hombre natural”, no serán sino armas inútiles en esta colosal batalla, y si nos confiamos en “las verdades” que dicen los demás, o en las que nosotros pensamos, Satanás usará estas mismas cosas para engañarnos. Puede que trate de “construirnos” una teoría o doctrina sobre esas cosas y por medio de ellas encubrir sus mentiras y llevar a cabo sus funestos propósitos.

Por tanto no podemos nunca llegar a apreciar la importancia de que haya creyentes que tengan la mente abierta y ejercitada para examinar todas las cosas que tienen que ver con las verdades de Dios y el mundo espiritual. Cualquier interpretación errónea de la verdad tendrá consecuencias muy peligrosas tanto para nosotros mismos como para los demás, principalmente en estos tiempos difíciles que la Iglesia de Cristo está atravesando. Puesto que en los “últimos tiempos” Satanás vendrá con engaños en forma de doctrina los creyentes hemos de examinarlo todo cuidadosamente para saber si viene de los emisarios del engañador.

El apóstol Pablo urge a los creyentes a examinar una y otra vez las cosas espirituales. 1 Corintios 2:14 dice: …Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. Este examen o juicio espiritual se menciona en conexión con las cosas que son del Espíritu de Dios, mostrando de esta manera cómo Dios mismo honra la personificación inteligente de este hombre que Él ha regenerado en Cristo. Él mismo es quien invita a “juzgar” o “examinar” sus propias obras por medio de su espíritu, de manera que aún las “cosas que son del Espíritu” no han de recibirse sin antes ser examinadas y “discernidas espiritualmente”, para asegurarse que vienen de Dios. Por eso cuando en los días de hoy se dice que no es necesario que el creyente entienda o pueda explicar las cosas de Dios se está afirmando algo que va en contra la misma declaración del apóstol que vimos en 1 Corintios 2:14. El creyente debe rechazar aquellas cosas que en su juicio espiritual no puede aceptar, hasta el tiempo cuando sea capaz de discernir con claridad cuales son las cosas de Dios.

No sólo el creyente debe discernir o juzgar las cosas del espíritu o del reino espiritual, sino que también debe juzgarse a sí mismo: 1 Corintios 11:31 dice: Si, pues, nos examinamos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. Esto es: no tendríamos necesidad de que el Señor tuviera que traer a la luz las cosas en las que nosotros hemos fracasado al discernirlas por discriminación. La palabra “examinar” en el original significa hacerlo “a través de una investigación”.

(1 Corintios 14: 20)= Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar. Así escribió el apóstol a los corintios cuando les explicaba cuál era la manera de obrar del Espíritu Santo para con ellos. En su mente el creyente tiene que ser “maduro” y examinar o poner a prueba, todas las cosas. El creyente de hoy ha de tener sus facultades mentales maduras y bien despiertas, tal como se lo expresa en Filipenses 1:10: Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo.

De acuerdo con estas directivas de la palabra de Dios y en vista de los días tan críticos que estamos viviendo cada expresión, “visión” o teoría que sostenemos concerniente a las cosas espirituales ha de ser examinada con todo cuidado y puesta a prueba. Esto debe hacerse con el deseo abierto y honesto de querer conocer la verdad de Dios, así como cada declaración que llega a nuestro conocimiento de parte de las experiencias de los otros, y que puede arrojar luz en nuestro camino. Cada crítica, justa o injusta, debería examinarse para ver cual es su verdadero terreno si aparente o real, y lo mismo debe hacerse con cada aspecto de la iglesia de Dios para saber si está fundamentado sobre la palabra o falsas concepciones. El conocimiento de la verdad es esencial para la lucha con los espíritus mentirosos de Satanás. Hemos de asimilar este conocimiento de la verdad misma de las Escrituras; una verdad sin mutilaciones, sin diluciones, sin adiciones ni cambios de ninguna especie.

Hay un principio fundamental que tiene que ver con el poder libertador de la verdad en cuanto a las mentiras y los engaños del diablo. La liberación de creer a la mentira debe de venir por creer a la verdad. Nada sino la verdad puede destronar a la mentira. Juan 8:32 nos dice: …y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres… Esta declaración se aplica a cada aspecto de la verdad, en general, así como también a la verdad que enseñaba el Señor en ocasión de pronunciar estas palabras.

Si el hombre ha de ser salvo, la primera verdad que tiene que conocer es la del Evangelio. Cristo es el Salvador, pero Él salva usando medios o instrumentos, si el creyente necesita libertad debe pedirla al Hijo de Dios. ¿Cuál es la manera de liberar de Cristo? Por medio del Espíritu Santo y a su vez el Espíritu lo hace tomando como instrumento la verdad. Es decir que la libertad es el don del Hijo por medio del Espíritu obrando a través de la verdad.

Los que te describiré a continuación, son los tres estados fundamentales de captación de la verdad: 1)= Percepción de la verdad por medio del entendimiento. 2)= Percepción de la verdad para su uso y aplicación personal. 3)= percepción de la verdad para su enseñanza y comunicación a los demás. La verdad que parece no haberse asimilado permanece, sin embargo, latente en la mente y en la hora de necesidad emerge de pronto al plano de la experiencia.

La gran necesidad de todos los creyentes es la de buscar la verdad para su liberación progresiva de las mentiras de Satanás. Si los que oyen la verdad la resisten o se rebelan contra ella podemos entonces dejarla bajo la responsabilidad y el cuidado del Espíritu de Verdad. Aun en aquellos casos en que la persona se ha resistido a la verdad, ésta, por lo menos, ha tocado su mente, y en cualquier momento puede fructificar y emerger a la esfera de la experiencia.

Hay tres actitudes de la mente en cuanto al conocimiento: 1)= La asunción de saber algo. 2)= La neutralidad hacia ello: “todavía no lo sé”. 3)= La certeza de un conocimiento real. Estos tres puntos, por ejemplo, se aplican a lo que la gente opinaba del Señor Jesucristo. Algunos decían: “es un falso profeta”, con una presunción de conocimiento; otros decían: “no sabemos”, asumiendo una posición de neutralidad hasta que supieron quién era, pero Pedro dijo: “Sabemos…” Y él era quien tenía el conocimiento verdadero.

Cuando los creyentes escuchan por primera vez la posibilidad de que los espíritus engañadores falsifican las doctrinas y las obras de Dios casi siempre preguntan: ¿Cómo sabremos quién es quien? En primer lugar, para ellos es suficiente saber que tales falsificaciones son perfectamente factibles, luego, a medida que van madurando, deben buscar luz de parte de Dios y aprender a conocerse a sí mismos de una manera como ningún otro puede hacerlo. Sin embargo, a pesar de que algunos de ellos son bastante crecidos espiritualmente todavía se preguntan: “¿Cómo podremos saberlo?” Lo que deberían hacer como primera medida es mantenerse neutrales hacia todas las manifestaciones sobrenaturales que les sean concedidas.

Entre muchos creyentes hay un deseo exagerado o erróneo en cuanto a saber más, pues piensan que el conocimiento de por sí es suficiente para salvarles. Creen que deben de tener una actitud de pro o de contra hacia lo que no pueden decidir si es de Dios o del diablo, deseando saber en forma inmediata e infalible quien es quien para poder aclarar su posición. Uno de los efectos devastadores de esa ansiedad desmedida es una impaciencia, preocupación y turbación que ocasiona una baja importante en la moral del creyente. Cuando se trata de buscar una “bendición” es importante cuidar de no destruir otra. Al buscar conocimiento en cuanto a las cosas espirituales el creyente no debe perder su calma y descanso en la fe, puesto que Satanás podría aprovechar esta ventaja para robar al creyente el poder moral durante el tiempo en que él trata, afanosamente, de triunfar sobre el enemigo.

Asimismo, hay conceptos erróneos con relación a la sangre de Cristo. Lo que la Biblia dice al respecto, se puede resumir en: 1) La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado si “andamos a la luz” y “si confesamos nuestros pecados”. 2) Nos abre acceso al Padre por el poder que tiene para limpiar el pecado. 3) La sangre es el terreno donde se afirma la victoria contra Satanás, porque nos limpia de todo pecado confesado y porque en el Calvario Satanás sufrió su aplastante derrota. Pero mucha atención: Las Escrituras no dicen en ninguna parte que cualquiera puede ponerse “bajo la sangre de Cristo” aparte de su voluntad y de su condición individual ante Dios. Y le doy un ejemplo: Si alguien invoca la sangre de Cristo en una reunión y una sola persona le está dando terreno a Satanás, el haber clamado por la sangre no impedirá que el diablo obre sobre el terreno a que tiene derecho en esa persona. Mucha es la gente que, creyendo estar a cubierto, se ha encontrado con amargas realidades sencillamente por no haberse tomado el trabajo de escudriñar debidamente.

El otro concepto a ver es el de esperar “que el Espíritu descienda”. La expresión de “esperar en el Señor” del Antiguo Testamento ha sido aplicada equivocadamente en el Nuevo Testamento. Tanto que en muchos sitios, lamentablemente, luego de esperar meses y hasta años, los que han “descendido” fueron espíritus engañadores. ¿Qué pasó? LO que la Biblia dice al respecto, se puede resumir así: 1) Los discípulos esperaron diez días, pero la Biblia no dice que lo hayan hecho de manera pasiva, sin hacer nada. Es notorio que estuvieron, por lo menos, orando. 2) La orden de esperar dada por el mismo Señor no fue llevada a cabo en la presente dispensación después de la venida del Espíritu, puesto que en ningún momento, ni en los Hechos ni en las epístolas, los apóstoles pidieron a los discípulos que “esperaran” al Espíritu, sino que usaron la palabra “recibir” en cada caso. Y la palabra griega usada para RECIBIR tiene la fuerza del término Asir, es decir: que es todo lo contrario a una actitud pasiva.

Otro de los peligros es el inventar o preconcebir ciertas frases para describir alguna experiencia especial y el uso de palabras no claras entre los hijos de Dios más recientes, tales como “posesión”, “iluminación”, “control”, “rendirse a” y otras en relación a las cosas espirituales. Lo que sucede es que su interpretación en la mente de muchos creyentes resulta distorsionada. Esto los predispone a cierta condición en la cual los espíritus malignos entren a “controlar” a aquellos que se “rindan” a los poderes del mundo espiritual y que por falta de madurez y conocimiento no sepan discernir entre las obras de Dios y las del diablo.

Algunos conceptos preconcebidos sobre la manera en que Dios obra también pueden dar una oportunidad a los espíritus malignos, así como, por ejemplo, cuando un creyente se ve impulsado o compelido a actuar y dice que lo hizo porque Dios lo estaba “guiando”. También hay quienes afirman que si Dios puede traer a nuestra memoria o nuestro “recuerdo” todas las cosas, no necesitamos usar en absoluto nuestra memoria. Otros pensamientos que pueden ponernos en la condición pasiva que los espíritus malignos buscan para obrar a su antojo son, por ejemplo, las siguientes:

1)= “Cristo vive en mí” Yo ya no vivo en absoluto. 2)= “Cristo vive en mí”; he perdido mi personalidad, porque ahora Cristo está en mí en una forma personal. 3)= “Dios obra en mí”; yo no necesito obrar ni actuar en absoluto, sino solamente rendirme y obedecerle. 4)= Yo no ejerzo mi voluntad, Dios la ejerce en mi lugar. 5)= “Dios es el único que puede juzgar”, por tanto no debo usar mi facultad de juicio. 6)= “Yo tengo la mente de Cristo”, así que ya no tengo más mi propia mente ni la uso para nada. 7)= “Dios me habla”, de manera que ya no debo “pensar” ni “razonar”, sino sólo “obedecer” lo que Él quiera que yo haga. 8)= “Yo espero en Dios”, y no debo actuar hasta que Él me mueva. 9)= “Dios me revela su voluntad por medio de visiones”, de forma que no necesito tomar decisiones ni usar mi razón o mi conciencia. 10)= “Con Cristo estoy juntamente crucificado”, y por lo tanto, estoy muerto y debo “practicar” esa muerte, entregándome a una pasividad total en pensamiento, sentimientos, emociones, etc.

Para poder llevar a la práctica estos variados y confusos conceptos acerca de la verdad el creyente se ve obligado a anular toda acción personal de su mente, juicio, razonamiento, voluntad y actividad, porque supone que la “vida divina” está fluyendo a través de él. Sin embargo, la verdad es otra muy distinta. Dios necesita la completa liberación de las facultades del hombre y la activa cooperación de su voluntad para llevar a cabo en el terreno de la experiencia todas estas verdades espirituales. En vista de todo lo comentado, ¿Cuál será, entonces, la condición o condiciones para estar a salvo del engaño de los espíritus malignos? 1) El conocimiento de que existen. 2) Aceptar de que pueden engañar a cualquiera, aún a los más crecidos. 3) Tener un entendimiento cabal del terreno que necesitan a los fines de no dárselos. 4) Tener un conocimiento inteligente de Dios y de cómo cooperar con Él para que el poder del Espíritu Santo obre en nuestras vidas.

Fuente: tiempodevictoria.com.ar
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Emociones Peligrosas!!!

Es indudable que las emociones constituyen la parte espiritual más ligada a los sentidos físicos. Son casi el censor de ellos. De la misma manera que el espíritu se une con el alma a través de la voluntad, hay un puente similar entre el alma y el cuerpo a través de los sentidos y las emociones.

(Hebreos 5: 14)= Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Acá está hablando de los sentimientos, de las emociones. Dice: el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez. Es decir que la madurez cristiana se alcanza, no llega desde los aires mágicamente. Pero vamos por partes: ¿Cuántos saben qué es lo que significa madurez cristiana? Creo que hoy se le va a explotar un poco el cerebro y va a entender algo.

La madurez cristiana, en principio, no tiene absolutamente nada que ver con su edad, con el tiempo que lleva en la iglesia y mucho menos con el cargo o la posición que usted ocupa dentro de la iglesia. Cristianamente la madurez tiene que ver con el ejercicio de las emociones.

Si usted va cruzando una calle y de improviso un auto le frena al lado y le toca un bocinazo, usted no reacciona en el espíritu ni en el intelecto, usted reacciona en sus emociones. O sea: se pega un susto de aquellos. Se puede quedar paralizado, pegar un salto, brincar, pedir disculpas por andar abriendo la boca o enojarse con el conductor del auto. Bueno; es así en la vida cristiana. Su reacción ante determinadas circunstancias, marcan su madurez cristiana, de dominio de usted mismo.

Por eso dice que el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez. Para los que POR EL USO tienen LOS SENTIDOS EJERCITADOS. Es decir que la madurez cristiana, su relación con Dios, depende, va a dar como fruto, que sus sentidos estén ejercitados. La mente se renueva, la voluntad se somete a Dios, y las emociones se ejercitan. La mente se renueva por la palabra, oyendo el Logos de Dios, oyendo a Cristo.

La voluntad se somete a Dios. No existe la oración de: “Señor... cámbiame, renuévame.” Nadie puede pedirle a Dios que haga lo que Él dijo, exactamente, que tenemos que hacer nosotros. Romanos 12:2 no dice: “Permitidme que os renueve”; dice: Renovaos. Usted no puede pedirle a Dios amor. El amor no se pide, el amor se decide. Usted ama a todos aquellos que ha decidido amar. Por eso es que el amor es una orden. Usted ama a quien decide amar, odia a quien decide odiar y guarda rencor a aquel a quien decidió guardarle rencor. La palabra dice: “¡Amarás a tu prójimo!” No es una sugerencia, es una orden. Entonces, los sentidos se ejercitan. ¿Cómo? En el discernimiento del bien y del mal.

¿Qué quiero decir, que las emociones son malas? No. Para nada. Las emociones son divinas, las puso Dios allí y todo lo que puso el Señor, es bueno en gran manera. Nada más que las puso bajo patrones diferentes a lo que nosotros vivimos.

Vivimos en un mundo que actúa por emociones. Las emociones no son confiables. Nunca se deje guiar por sus emociones. Las emociones están tan ligadas al mundo exterior, que son engañosas. Por eso, cuando la Biblia dice: Engañoso es el corazón del hombre, se está refiriendo al alma; engañosa es el alma. Porque el alma, a través de las emociones, recibe contacto con el mundo exterior.

¿Nunca escuchó, a gente, decir algo así como: “Bueno; ¡Yo lo que siento, lo digo!”? O sino: “Yo soy honesto; lo que siento lo digo.” Quizás usted mismo lo dijo alguna vez, no me extrañaría demasiado. “Ah, no, yo lo que siento lo digo.” Así le ha ido, también. No se confunda por favor; Dios no nos ha mandado a decir lo que sentimos, nos ha mandado a decir lo que debemos.

Pero el alma enseguida dice. El que calla es sabio, dice la Biblia. Aun si es necio el que calla, es sabio. La Biblia dice que el necio es sabio cuando calla. Porque hay veces que hay que callar. ¿Sabe por qué? Porque las emociones hieren. Cuando usted reacciona emocionalmente, hiere a alguien. Hay veces que cuando uno reacciona en el espíritu, también hiere, pero eso es otra cosa que después vamos a ver. Cuando uno reacciona en las emociones, hiere. Porque hiere el YO, hiere el alma. Porque el alma no sabe mandar, el alma no sabe actuar. Por eso el mundo está como está.

¿De dónde vienen las guerras? ¿De dónde vienen los pleitos entre vosotros, dice, que combaten en vuestros miembros? Vienen desde adentro de ustedes. El mundo, sin ir más lejos, vive como vive porque se guía por las emociones. Por ese motivo es que en el plano jurídico penal, hay una figura que se denomina: “Emoción violenta”, y puede llegar hasta justificar de alguna manera un homicidio y atenuar su condena. Se actúa emocionalmente, incluso hasta el asesinato. Por eso es que no son confiables las emociones.

Por eso muchos creyentes han recibido a Cristo, su espíritu está lleno de Dios, pero siempre viven llenos de sus emociones. Tienen sueños, tienen revelaciones, Dios me reveló, Dios me hizo sentir, yo sentí de Dios, y andan viviendo un mundo no ya místico, porque místicos somos, sino de misticismo, que es el exceso, están en las nubes, como esos que hacen meditación trascendental, que se pasan las veinticuatro horas en éxtasis espiritual. Y después van y se acuestan con la mujer del vecino.

(Efesios 4: 11)= Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, (12) a fin de perfeccionar a los santos. (¡Un momento! ¿Para qué constituyó Dios a estos cinco ministerios? Para perfeccionar a los santos. La palabra PERFECCIONAR, en la Biblia, no significa “Sin error”, tal como nosotros la usamos; significa MADURAR. Dios ha dado ministerios para madurar a los cristianos. ¿Y cómo se madura? Dejando que la palabra de Dios sea la que en nosotros opere y nos guíe.)

En los cristianos que están creciendo en madurez, hay una característica sobresaliente: son personas que no son heridas fácilmente. Porque cuando una persona es herida fácilmente, que cualquier cosa afecta su vida, (una mirada dura, una palabra tosca, una actitud indiferente), aunque lleven diez años oyendo la palabra, es porque todavía no es un cristiano guiado por la palabra de Dios, sino por sus emociones.

¿Qué otra cosa puede ser una persona a la cual usted le dice algo y enseguida lo afecta? Por eso hay cristianos en conflictos. Tienen problemas en sus hogares, nunca crecen, viven amargados, vienen a la iglesia y la iglesia, al final, se les vuelve una tortura; ¿Sabe por qué? Porque son emocionales. A veces hemos visto que una persona, con una sola palabra, ha afectado más la vida de otra persona que mil quinientos mensajes.

Escuchan la palabra de Dios, viven el poder de Dios, hablan en lenguas, reciben la bendición, salen gloriosos, contentos, en las nubes de lo hermoso que estuvo. Llegan a la esquina y un hermanito de esos que siempre hay lo saluda mal o le da una mirada medio fuerte, o simplemente se encuentra con otro creyente que es peor que él y se le desmorona toda la gloria. ¿Por qué? Porque su vida está recibiendo información emocional y no está recibiendo información espiritual.

Muchos dicen así: ¿Pero qué se cree ese? ¿Quién se cree que es, ese? Mire: yo no sé lo que será ese, pero le sacó de la gloria, de la bendición y, en una de esas, hasta del camino del Señor, ese. Le hizo volver para atrás. Le mandó del décimo piso de su espiritualidad, con una sola mirada, hasta el subsuelo. Cero creyente. ¿Cómo puede ocurrir esto? Simple. No se han dejado perfeccionar, madurar por la palabra.

Dios los ha sacado de lugares horribles, los ha perdonado, los ha puesto sobre la peña, los ha lavado, los ha hecho una nueva criatura, hasta allí todo bien. Pero luego no se dejan influenciar por la palabra y se paran al lado de otro creyente o de una persona que no es creyente y una palabra o una mirada los afecta para el resto de su vida. ¿Por qué? Porque no está viviendo según el Espíritu, sino que están viviendo según las emociones. El gozo y la alabanza brota de sus vidas de acuerdo a como le vayan las cosas.

¿Sabe cuál es un cristiano maduro? Aquel que marca una línea de conducta, pese a las circunstancias de la vida. Aquel que permanece. Que ora a tiempo y fuera de tiempo. Sirve en la alegría y en la angustia. ¿Sabe cómo se madura? Sentaditos, dejándose ministrar por la palabra, no yendo de aquí por allá buscando aconsejamiento, oración de otros y que le digan qué es lo que tiene que hacer.
Fíjese Jesús. Todavía no había nacido y ya quisieron abortarlo. Apenas nació, se lo tuvieron que llevar urgente porque si no lo asesinaban. Anduvo dándole de comer a todos los necesitados, sanando a los enfermos y liberando a los oprimidos y lo crucificaron. ¿Por qué él pudo permanecer? ¿Por qué Satanás no pudo encontrar en él ningún punto de doblez? Porque Jesús nunca reaccionó emocionalmente, sino que siempre reaccionó conforme a la palabra de Dios.

Porque las emociones son la fuente de información que Satanás recibe para hacerle, después, un feroz contraataque a su vida. Sus emociones son el terreno donde Satanás tiende sus trampas, a veces mortales. Sus reacciones emocionales, de conflictos, de heridas, de dolor, denotan exteriormente sus áreas de debilidad. ¿Por qué? Y, de acuerdo a cómo usted ha reaccionado. ¿Quiere algo humorístico pero trágico al mismo tiempo? Los demonios llevan una planilla por cada uno de nosotros donde tienen muy bien desglosadas nuestras áreas de debilidades.

Pero a medida que la palabra de Dios va actuando en nosotros y nosotros vamos sujetando nuestras emociones a la palabra de Dios, nos volvemos impredecibles porque ya no reaccionamos según la carne. Porque dice la Biblia que el que es nacido del Espíritu, es como el viento, que nadie sabe de dónde viene y no se sabe para adónde va. Cuando nosotros tenemos el Espíritu de Dios, nosotros no vamos a reaccionar según YO, sino que vamos a reaccionar según ÉL.

Escuché una vez una expresión que me gustó mucho: un buen soldado, aprende a ignorar el dolor. ¡Mire si en medio de una guerra va a haber tiempo para que un soldado se deprima porque le duele un poco una herida! Es un punto de crisis, pero más debajo de la muerte, todo es bueno para un soldado y para su ejército.

Como cristianos, tenemos que entender que vivimos en dos mundos: un mundo físico y un mundo espiritual. Nosotros le llevamos una ventaja al mundo que no tiene a Cristo, porque nosotros podemos vivir en el mundo terrenal y en el mundo espiritual, mientras que el hombre que no conoce a Dios, sólo vive en un mundo terrenal, atado y hasta esclavizado por las emociones.

¿Sabe por qué digo y sostengo que las emociones no son confiables? Porque las emociones son manipuladoras. ¿Nunca se fijó que por medio de las emociones se puede manipular? ¿Cuántas madres, encubriendo amores enfermizos por sus hijos, terminan por manipular sus vidas a través de las emociones? Es un sinvergüenza de primera, un asesino, un delincuente de alta categoría, pero en el fondo es bueno, vio? Sí; en el fondo de la cárcel será bueno.

Mire; yo no digo que llorar sea algo malo, al contrario, llorar es bueno. Las lágrimas son buenas, por algo están. Son un elemento de escape, sirven. Algo pasa dentro de todo nuestro ser cuando lloramos. Jesús lloró. No sólo es el verso más corto de la Biblia, también es el indicador de que si Él lloró, cualquiera de nosotros puede llorar. Pero está la contrapartida de todo esto y usted lo sabe muy bien: cuando las lágrimas se vuelven un elemento de manipulación. ¿Sabe lo que es la manipulación? Ejercer una acción tendiente a conseguir imponer nuestra voluntad por sobre la de otro.

Hay creyentes monosilábicos a la hora de solucionar un conflicto. “Sí, no, sí, no.” ¿Sabe qué es lo que son estos? Personas que no han sujetado sus emociones al Espíritu Santo. Cuando un cristiano tiene un problema, habla; busca el fondo del problema. Si tiene que levantar la voz y euforizarse en lo que se trate, lo hace, pero no usa nunca a las emociones para manipular a otros.

Muchos quieren manipular a Dios con sus lágrimas y creen que llorando en un altar o delante de otros, le van a tocar el corazón a Dios. No se confunda. A Dios no lo tocan ni sus lágrimas, ni sus lamentos, ni su desesperación. Usted puede estar muriéndose y con su muerte no va a tocar el corazón de Dios. ¿Sabe lo que sí toca el corazón de Dios? Precisamente, un corazón arrepentido y humillado, no una actitud emocional manipuladora. Dios no se mueve por lástima, Dios se mueve por fe.

Cuando uno se convierte y todavía anda medio embardunado entre la fe auténtica y las tradiciones de la religión, camina más por lo emocional que por lo espiritual. Luego, con el paso del tiempo, uno madura un poco y empieza a darle preferencia a las cosas del espíritu por sobre las del alma. Pero resulta que hay gente que andaba con usted que no creció, que se quedó donde estaba al principio. ¿Sabe qué le dicen? ¡Pero hermano! ¡Usted no tiene sentimientos! Sí que los tengo, hermana. Nada más que ahora ya no me guío más por ellos. He aprendido a ponerle punto final a ciertas partes de mi ignorancia.

Mire; hay una historia. Cuando Samuel oraba por Saúl para que Saúl cambiara, para que se transformara, ¿Sabe qué le dijo Dios? – No ores más, porque ya lo deseché. Hermano: cuando las personas persisten en permanecer lejos de Dios, guiadas por sus emociones, por lo que les parece, tomando decisiones sin orar, y después traen toda esa mugre a las iglesias para que alguien se las arregle, algo no anda bien.

No mi hermano. Cualquier iglesia debe tener sus puertas abiertas para los hombres más miserables. Promiscuos, prostitutas, borrachos, drogadictos, lo que sea. Si llegan, allí les van a dar vida, palabra y todo el apoyo que se pueda. Pero la palabra de Dios está pensada para que funcione y opere en aquellos que se quieren someter a ella. Si no, no tiene sentido. Hay que madurar. No ores más porque yo lo deseché.

La gente quiere que uno reaccione ante las circunstancias. ¿Sabe una cosa, hermano? Satanás nunca va a hacer nada en su vida sin que Dios le avise primero. ¿Falló Dios. Entonces? No. Fallamos nosotros. A veces, Dios le manda a alguien para que le advierta de algo, pero como somos tan de ofendernos, por allí reaccionamos emocionalmente y repetimos la historia del pueblo: matamos al profeta. A veces, Dios le habla a usted, pero no necesariamente a través de gente importante. A veces usa a gente muy humilde para que usted también se humille. Pero si en lugar de eso elige ser necio y no oír, ya no va a poder cargarle las culpas a Dios por sus problemas.

Hay un salmo que habla de David, que era un hombre que tenía una revelación tremenda de lo espiritual. Por ser un adorador de primera clase, era un hombre que tenía una revelación del mundo espiritual, increíble. Mire la expresión que usa en este salmo:

(Salmo 103: 1)= Bendice, alma mía, a Jehová, (Quiere decir que se está hablando a él mismo. Es decir que el espíritu le está diciendo al alma, le está predicando.) Y bendiga todo mi ser su santo nombre. (Rema. Es tan Rema que quedó en la Biblia.)

(2) Bendice alma mía a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. (Es decir que al alma, hay que estar predicándole todos los días. ¡Eh! ¡Alma! ¡No te olvides de ninguno de los beneficios de Dios, eh? Ahí se levanta el Espíritu a la mañana... ¡A orar! ¡Vamos! ¡A cantar! Todos los días hay que predicarle al alma. Parece que David también había entrado en esa, pero él se predicaba. Mire lo que dice:)

(3) Él es quien perdona todas tus iniquidades, (¿Adónde están sus iniquidades? En el alma. Él mismo se está hablando. Se paró delante del espejo, que ya los había, y se empezó a predicar a sí mismo, a su alma. Y le dice que Dios la perdona, al alma, a su alma, todas sus iniquidades. No las suyas, las del alma. No las iniquidades del espíritu, las del alma. En el espíritu no hay iniquidad. Y le sigue hablando, mire:) El que sana todas tus dolencias; (4) el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; (5) el que sacia de bien tu boca, (Ahí le está hablando, también al cuerpo.) De modo que te rejuvenezcas como el águila.

No importa qué clase de creyente te crees que eres. Importa qué clase de creyente es usted. Igualmente debe hacer razonar su alma. Es más: la debe hacer reaccionar. Debe predicarle a su alma. Debe evangelizar su alma. Hay un pasaje, que está en la segunda carta a los Corintios, que nos arroja luz sobre esto. Si partimos de la base de que en el alma están los razonamientos, vamos a leer este pasaje y vamos a entender algo muy importante.

(2 Corintios 10: 3)= Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; (4) porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, (5) derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo, (6) y estando prontos para castigar toda desobediencia, cuando vuestra obediencia sea perfecta.

Acá nos está hablando, el apóstol Pablo, que aunque andamos en la carne no militamos en la carne. Claro; andamos en la carne porque para estar en este mundo tenemos que estar en la carne, no? Pero no militamos, no vivimos según la carne. ¿Cómo vivimos? Vivimos según el Espíritu. Porque las armas de nuestra milicia, no son carnales.

Acá le voy a decir algo: es muy posible que a esto lo escuche por primera vez: Las armas de Satanás no son espirituales, son carnales. Las armas que Satanás usa contra su vida, no son espirituales, son carnales... ¿Sabe por qué? Porque Satanás no puede atacar su espíritu. Satanás puede atacar su alma. Pero para llegar a su alma, primero tiene que entrar por los sentidos.

Satanás, para hacerlo pecar a usted, va a usar las cinco vías de acceso al alma. Tacto, vista, oído, olfato, gusto. Deme cualquier pecado que se le ocurra y le vamos a encontrar el hilo conductor que lleva a algunas de estas cinco avenidas de acceso al alma. Porque Satanás, para afectar su alma, tiene que usar cosas carnales. ¿Cómo lo atacó a Jesús? Si postrado me adorares, reinos de la tierra te daré. Por los ojos. No fue un arma espiritual, fue carnal, a través de la vista, uno de los cinco sentidos.

Haz que estas piedras se convirtieran en pan. ¡Cuarenta días sin comer y que venga uno a hablarle de pan casero, crocante, calentito! ¿Qué le parece? ¿Se da cuenta? Satanás tiene que materializar las cosas para entrar a su vida, porque él no puede entrar a su espíritu, directamente porque él no tiene derecho legal a su espíritu. Ese derecho legal lo tiene el Espíritu Santo.

Él nada tiene en mí porque yo no tengo naturaleza de pecado. Puedo tener hábitos o hasta programas de pecado, pero no tengo naturaleza. Porque dice la Biblia que el que hace pecado no es de Dios. Nosotros podemos tener algunos hábitos de pecado que son esos que estamos evangelizando, pero no tenemos naturaleza de pecado, tenemos la naturaleza de Dios. Somos, ahora, a su imagen en nuestro espíritu.

Entonces, lo que Pablo está diciendo aquí, es que nuestras armas tienen gran ventaja sobre Satanás, porque son espirituales. Yo le voy a decir una cosa: usted no tiene un arma natural o carnal que pueda con Satanás, ni una. Las armas nuestras, para vivir una vida cristiana victoriosa en este mundo, tienen que ser espirituales.

¿Por qué, dice allí? Para destrucción de fortalezas. Y el versículo cuatro le dice que es una fortaleza. Derribar argumentos. Hermano, ¿Usted se cree que cuando nosotros hablamos de las cadenas diabólicas, cadenas satánicas, nos imaginamos a uno con un pijama rojo y cuernos largos? ¡Esa se la vendió Walt Disney! Las armas que Satanás usa en su contra, son argumentos. A eso le llaman fortalezas.

Argumentos, pensamientos, formas de pensar. ¿Cómo fue el ataque de Satanás contra Jesús? Fue una guerra de argumentos. Dime que te diré, dime que te diré, dime que te diré y, cuando no pudo decir más nada, Satanás se fue. No vino con un palo a quererle romper la cabeza a Jesús, no. Satanás trabaja con argumentos. Si postrado me adorares... – No te adoro nada, le dijo Jesús. – Convertí estas piedras en pan. – No sólo de pan vivirá el hombre. – Subite al templo y tirate de cabeza. – Y que pim y que pam; Y el que tuvo el argumento más fuerte, ese ganó.

Por eso que todas las cosas en la vida cristiana, necesitan de la revelación de la palabra. Esa y no otra cosa es la clave de la vida cristiana. No es la iglesia que usted vaya o el pastor que usted tenga, es la revelación de la palabra en su vida.

¿Por qué muchos cristianos no viven en victoria? Porque no leen la Biblia. No tienen revelación de la palabra. Muchos creyentes andan con la Biblia debajo del brazo. Mugrienta, gastada, mal cuidada y descangayada, pero nunca tienen victoria. Porque la usan como amuleto.

¿Cuántos han oído hablar de la quiromancia? ¿Sabe lo que es la quiromancia? El arte de hablar a través de las líneas de las manos. La cartomancia, que son los que le adivinan tirándole las cartas. Quiromancia, cartomancia y, entre los cristianos, Bibliomancia.

¿Usted sabía que hay muchos creyentes que practican brujería? Hay creyentes que van a orar por un endemoniado y se van con la Biblia. Pero no para leérsela al endemoniado, sino como un escudo material, como si fuera una pata de conejo, un amuleto, que asegura la victoria sobre los demonios. Muy similar a algunos símbolos que se deben usar para lo que algún sector denomina como “exorcismo”. Algunos han hecho un ídolo tan grande de la Biblia como libro en sí, que hasta la guardan en vitrinas con almohadones rojos.

¿Usted se cree que Satanás le puede tener miedo a un pedazo de cartón, papel y tinta impresa? ¡Cuidado! ¡Que no se arruine la Biblia! ¡¡¡Compre otra!!! Satanás no es impactado por la Biblia que está escrita en un papel. Satanás es impactado por la palabra que está escrita en su corazón.

Algunos cuidan mucho sus Biblias. ¡Ay pastor! ¡Hace cuatro años que la tengo y mire que linda que está, parece nueva! Eso quiere decir que no la usa mucho, hermana. Hay otros que cuando vienen al templo y abren la Biblia, a veces se pierden el mensaje porque tienen que andar despegando un montón de páginas.

Bibliomancia. Usan la Biblia como amuleto. A esto, lo ha predicado mucha gente y otros tanto lo han confirmado. Parece que es un espíritu. Hay otros hermanos que, en sus casas, abren la Biblia en un lugar determinado y la mantienen así, abierta, siempre. Se ven cada cosa por allí que no tenemos idea de que puedan existir dentro del mundo que llamamos cristiano. Pero existe. ¡Ah! ¡Yo siempre tengo mi Biblia abierta! Hermano: si lo ha estado haciendo a eso, no lo haga más. Si usted no va a abrir su Biblia para leerla y estudiarla, no la abra. Eso es brujería. Eso es hechicería. Disfrazada de Biblia. La realidad auténtica es que más de la mitad de los creyentes que no tienen victoria, es porque además de estar haciendo algunas de estas cosas, en el fondo, jamás llegan a leerla.

Y al no leerla, al no estudiarla, carecen de argumentos para batallar. Viene Satanás con el argumento más piojoso y los desparrama. Hace dos mil quinientos años que Satanás anda con un argumento del “vaya a saber si es cierto” y todavía hay varios creyentes que ni siquiera se han convencido de que “vaya a saber si es cierto”, porque no tienen un argumento mayor en su vida para someter su voluntad a la palabra de Dios.

¿Cuánta gente no actúa con autoridad porque tiene miedo? Aunque tengan el cargo o la posición que usted quiera, no tienen autoridad. ¿Sabe por qué? Porque nadie tiene autoridad sin revelación. La autoridad de Dios se la da la revelación de saber lo que está haciendo. Usted se da cuenta perfectamente cuando una persona está hablando en el Señor. Hay gente que anda por la vida alegremente dándole profecía a medio mundo y nadie se anima a decirle nada. ¿Sabe por qué? Porque no saben.

La revelación le libera. Mire a Juan, cuando tuvo la revelación de Cristo. La palabra Apocalipsis, significa “Correr el telón”. Era un término que se usaba en el teatro griego. Y la palabra Apocalipsis viene de una palabra griega, precisamente, que se escribe APOKALUPTO, y esto significa la acción que hacía la gente en el teatro para correr la cortina. Y cuando nosotros hablamos de la revelación de la palabra de Dios, lo que estamos hablando es que Dios le corrió el telón a Juan y él pudo sacarse de su mente todas las ideas equivocadas que tenía respecto a Cristo y tuvo una nueva revelación. No se olvide que Juan había sido apóstol, y sin embargo no había tenido una revelación sobre el Hijo de Dios.

(Efesios 1: 17)= Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él.

¿Para que Dios le dé qué, dice? Revelación. Abra su mente. Recíbala. ¿Cuántos quieren tener victoria real en sus vidas? Bueno, esa victoria no va a depender de la oración que cualquiera de nosotros haga por usted. No va a depender, tampoco, de que usted vaya al súper del re-súper congreso de no sé quién. La victoria viene cuando Dios le da una revelación. Por eso es que el Padre, para salvar al hombre, reveló su palabra al mundo, en la persona de Jesucristo. Siempre que Dios va a dar victoria, primero da revelación.

(Romanos 8: 16)= El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

Fuente: tiempodevictoria.com.ar
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¡Ten Ánimo!

En este mismo momento quizás, allí, donde usted está leyendo esto porque no sabía qué otra cosa hacer, usted está viviendo un tremendo drama. De enfermedad, de angustia por algún problema grave de familia, de escasez o de pobreza o de cualquier otra necesidad apremiante. Y usted, en el mejor de los casos, recurrió a la evasión de la web no por deseos de saber más sobre la Biblia, o por recibir una enseñanza o tomar contacto con un mensaje teóricamente bien estructurado, sino porque piensa –con esa enorme sencillez de creyente fiel y simple-, que Dios quizás tenga una palabra que pueda caber en su alma hoy y ahora, que le proporcione una pequeña brisa de paz o de consuelo y que le aliente, en suma, para poder seguir adelante, algo que en este instante casi se le antoja como algo lógicamente imposible. ¡Ánimo! Las cosas de Dios, si algo precisamente no tienen, es lógica humana.

¿Por qué me tiene que suceder esto a mí? Esa es una pregunta que nadie va a responderle jamás satisfactoriamente. Le pueden aconsejar y le pueden alentar con todo el amor y con toda la sabiduría del mundo, pero es como que no le basta, como que no le es suficiente. Su corazón sigue temblando de dolor, de angustia y, nada de lo que siempre le ha sido útil para utilizar con los demás, parece venirle bien a usted mismo, para su vida. Una cosa es el problema que vive el otro y otra cosa, muy diferente, el que le toca vivir a usted en su propia epidermis.

Desearía en este artículo que Dios me permitiera fluir con la unción del pastor que no soy. Que brote de estas líneas una gracia pastoral de amor, de confianza y de poder que realmente ministren su vida. Para eso vamos a incursionar en la carta del apóstol Santiago, dejando de lado, claro está, porque no viene al caso, la especulación de si este hombre habrá sido o no un hermano carnal de Jesús.

Lo cierto, en el inicio mismo, es que él no se vanaglorió de su relación personal con Jesús ni tampoco se identificó a sí mismo como un líder religioso. Dice que su mayor honor fue ser un siervo de Dios. Y si bien en lo literal las doce tribus a las cuales él se dirige designan a la nación de Israel y que al hablar de la dispersión (DIÁSPORA), alude a los judíos disgregados en tierra de gentiles, usando discernimiento para con sus palabras al tiempo presente, su mensaje se introduce profundamente en la médula de cada uno de los cristianos del mundo, dispersos precisamente en ese mundo gentil, incrédulo y ateo, para arrimar una dosis de fe, de esperanza y de sosiego que en tantos momentos del día debemos absorber para superar todas las cosas que nos tocan vivir.

(Santiago 1: 2)= Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.

Fíjese usted que el mandato estructural, aquí, es regocijarse; poco menos que ponerse a cantar, saltar y bailar cuando su fe sea sometida a prueba. Pero saliendo un tanto de lo estructural, podemos ver en este verso una palabra que indudablemente es clave: CUANDO. Porque no le dice que es SI se encuentra en diversas pruebas, que determinaría alguna posibilidad de que eso no sucediera; dice CUANDO, lo que le está avisando que, le agrade o no, lo entienda o no, lo acepte o no, al largo, mediano o corto plazo, alguna prueba (No puedo saber si fuerte, muy fuerte, liviana o muy liviana) le va a aparecer. Hay tres escrituras que confirman esto y la última, abre paso a una segunda fase que le lleva a usted a una mejor comprensión y, por consiguiente, le alienta y le capacita para el paso siguiente.

(Mateo 5: 12)= Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Esto le está diciendo que una de las posibilidades de sufrir pruebas, radica en cuando el Señor deposita en usted la gracia de alguno de los ministerios del reino. Se es salvo por gracia y misericordia, sin mérito ni precio alguno de su parte. Pero se sirve al reino con rigor y con inclemencias)

(Hebreos 10: 34)= Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. (Aquí se evidencia que las pruebas sobrevienen sobre el grueso de los creyentes, sobre todos y cada uno de los que un día asumieron el compromiso trascendente de seguir y servir a Cristo.)

(1 Pedro 1: 6)= En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. (Es muy leve la mención, pero suf9iciente como para entender definitivamente que, si Dios considera NECESARIO para su crecimiento, purificación o entrenamiento, permitir determinadas pruebas sobre su vida, sin dudas que lo hará. No porque lo odie, sino porque le ama.)

La única duda que a cualquier persona puede caberle en estas circunstancias, es: ¿Por qué puede ser necesario? O mejor dicho: ¿para qué?

(Santiago 1: 3)= Sabiendo que la prueba de vuestra fe, produce paciencia. (La paciencia no se compra, no se recibe mágicamente ni se hereda. La paciencia se produce, se arma como una poderosa estructura de hierro. La paciencia, en suma, es el fruto que nace como resultado de una prueba. O de varias.)

(Romanos 5: 3)= Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia.

Convertirse en cristiano no le libera a usted, automáticamente, de todas las dificultades. La Biblia da muchas pruebas que dejan en evidencia que esto es así y que, para producir paciencia, indefectiblemente usted va a tener que pagar un precio.

La actitud madura del cristiano ante la adversidad, es enfrentarla con sumo gozo, que obviamente, no es una simple reacción emocional, sino una deliberada e inteligente evaluación de las circunstancias desde la perspectiva de Dios, para ver a la prueba como un medio para el crecimiento moral y espiritual.

No nos podemos gozar de las pruebas por sí mismas, ya que ello sería una especie de masoquismo o estoicismo humanista disfrazado con esa mentira monumental e histórica llamada “resignación cristiana”, sino en sus posibles frutos. Someter a prueba equivale a comprobar lo genuino de algo, en este caso su propia fe. Sirve como una disciplina para purgar esa fe de toda impureza nociva, extirpando lo que es falso, formal o meramente religioso. La paciencia, en suma, no es un resignarse pasivamente “a lo que venga”, sino tener firmeza, valor y hasta tozudez para poder aprender a resistir con valentía. Y no olvide que “resistir” en términos bíblicos, no es aguantar o soportar, es combatir hasta las últimas consecuencias.

(Santiago 1: 4)= Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

Puede usted darse cuenta que la idea de Dios, es que usted resista de tal manera como para que Él tenga tiempo suficiente para hacerle semejante a Cristo por medio de la prueba. ¡Nada menos!

(Colosenses 4: 12)= Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere.

(1 Tesalonicenses 5: 23)= Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

LO único que debo aclarar aquí, para evitar confusiones, es que cuando dice PERFECTOS, no se está refiriendo a la ausencia absoluta de pecado, o de algo que no tiene errores, sino a una idea que implica algo completamente desarrollado y maduro, ¿Entiende? Y CABALES, muestra una idea de plenitud y redondez que, sin Cristo, (Y sin pruebas, o sin dolor) es poco probable poseer. Simple sabiduría. Claro, usted estará pensando: “Todo esto está muy bonito, pero; ¿Qué sucede cuando mi sabiduría no alcanza, no me sirve ni me ayuda para afrontar lo que me toca padecer? LA respuesta:

(Santiago 1: 5)= Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

¡Es tan simple! ¡Es tan sencillo! “- Está bien, hermano... Pero eso es mas bien...teórico, ¿No cree? –“ Espere. Vamos a ver:

(1 Reyes 3: 9-10)= Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque: ¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.

(1 Juan 5: 14)= Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.

Veamos: la sabiduría, dice que puede recibirse pidiéndosela a Dios con fe. De ninguna manera es instrucción intelectual, información académica o especulación filosófica, sino comprensión espiritual del propósito de las pruebas.

Cuando Dios concede un don, lo hace –dice- abundantemente y SIN REPROCHE. Esto es: generosamente, no con disgusto, con desgano o con reservas. La palabra REPROCHE, aquí, es la palabra ONEIDIZO, y tiene un significado relacionado con un comportarse de modo juvenil e inmaduro. La palabra describe a los chicos que se hacen burla, se molestan y hasta se insultan entre ellos mismos.

Después, la misma palabra llegó a significar mofa, ridículo, queja, ofensa y el uso enojoso y sarcástico de palabras. Lo que Santiago nos dice aquí, en suma, es que Dios da sin recordarnos que no somos dignos de recibir algo de su parte. Todo está muy bien, pero para muchos que oyen, seguramente esto sigue siendo teoría, vana palabrería quizás, porque a la hora de los resultados y a pesar de pedirlo revolcándonos de necesidad, no recibimos nada...

(Santiago 1: 6)= Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a la otra.

Usted no se imagina la cantidad de cristianos que están orando, en estas horas, por diferentes necesidades con fuerza, con dedicación, con firmeza y disciplina. Cristianos fieles y cumplidores, pero que en el fondo de sus corazones, no pueden terminar de creer con clara convicción que esa oración pueda tener, verdaderamente, el efecto que están buscando. Jamás lo confesarán, de hecho, y ni por asomo se atreverían a dialogarlo con sus pastores, más que todo, por vergüenza. Pero muchos de los que en este momento están leyendo esto, saben muy bien en lo íntimo de sus almas, que realmente es así.

Atención: esta franja a la que me refiero, indudablemente está expuesta (De manera inconsciente) a someterse a “recetas fáciles” que le “garantizan” óptimos resultados y así, a veces, se meten en unos problemas tremendos de los que después les resulta sumamente complicado salirse. Cuando Santiago dice que de ese tipo de duda surgen los que son como Ondas del mar arrastradas por vientos, lo que preanuncia es la transgresión muy probable a ser víctimas de cualquier viento de doctrina. Y sepa, mi amigo, que no está hablando con el inefable “mundo incrédulo”, ya que todos sabemos por poco o por mucho, que la palabra Doctrina, es patrimonio casi exclusivo de la iglesia. ¿Qué ocurrirá, entonces? Observe:

(Santiago 1: 7)= No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (No se puede negar que Santiago en este asunto, es lo bastante concreto en esta actitud como para, incluso darle un nombre.)

(Santiago 1: 8)= El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Yo quiero aclararle que el hombre de doble ánimo del que se habla aquí, es una persona arrastrada en dos direcciones opuestas. Sus lealtades están divididas, y a causa de su falta de sinceridad, vacila entre la fe y la incredulidad, pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza. Esa persona es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser. En el capítulo 4, en el verso 8, Santiago exhorta a esta clase de personas: dice: Vosotros, los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Como sabemos, en la Biblia, corazón es igual a alma, lo que demuestra que les está diciendo que deben alinear su intelecto, su voluntad, sus sentimientos y emociones y someterlos a la voluntad de Dios y, por fe, a sus promesas teniendo en cuenta un elemento sumamente importante: sin razonarlo humanamente.

La evidencia más concreta del hombre de doble ánimo cuando ostenta posiciones encumbradas, se manifiesta pronunciando, por ejemplos, vibrantes mensajes y sermones sobre temas urticantes desde el ángulo de la integridad, pero dejando en evidencia en cada paso de su vida personal que en absoluto está viviendo conforme a lo que predica. “-¿Sabe lo que sucede, hermano? Yo soy muy pobre... No tengo escuela... A veces no entiendo muy bien estas cosas... ¡Basta! Aquí no se trata de pobreza, ni de riqueza, ni de profesionalismo ni de analfabetismo; estas cosas no cuentan para nada a la hora de la fe.

(Santiago 1: 9)= El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.

Todavía caemos, dentro de la iglesia, en costumbres provenientes del sistema del mundo incrédulo. La apariencia, es uno de los errores más clásicos. ¿Cuántas veces, a la hora de invitar al frente para orar, por ejemplo, algunos pastores se inclinan, casi inconscientemente, por alguien bien vestido, que sepa hablar bien, que trasunte formación y seriedad, postergando a los que llegan con sus ropas gastadas, (Que hasta pueden haber sido regaladas por otros, tal vez) o que se expresan dificultosamente, por timidez o vergüenza? ¿Qué otra cosa sino la apariencia exterior es esto? ¿Quién puede conocer el corazón del hombre, salvo el Señor?

El final del versículo 31 del capítulo 7 de la primera carta de Pablo a los Corintios, asegura que: La apariencia de este mundo se pasa. Eso nos está diciendo que algunos de los “valores” con los cuales nos movemos y que nos resultan muy valiosos en el marco de los conceptos externos de una congregación, en el sistema del reino de Dios, carecen totalmente de bases. Algo es muy claro: Puede humillarse aquel que posee algo visible de qué gloriarse. El que no tiene ni aparenta nada, ¿De qué podría humillarse?

Salvo la soberbia, es verdad. Muchas veces encontramos más orgullo entre los muy marginados que entre los que poseen muchos bienes materiales. Porque la soberbia, si bien se puede cimentar en aspectos materiales y se origina en el alma humana, tiene notorias raíces de orden espiritual. Tenemos que reconocer con claridad que toda posesión material carece de valor eterno y que como tal, perecerá. Nadie disfruta dinero, fama, poder o bienestar opulento terrenal en el reino de los cielos. Por el contrario, (Y con mucho cuidado de no contribuir erróneamente a la denominada “Teología de la Miseria”) la Biblia muestra concretas pistas de que las cosas son exactamente a la inversa.

(1 Pedro 1: 24-25)= Porque; toda carne (Cuidado: habla de carne, no de creyentes) es como hierba, (Es decir: o verde, que crece, alimenta y embellece, o seca, que es inútil, hojarasca y candidata a la hoguera) y toda la gloria del hombre (Tiene usted permiso aquí para pensar en todos aquellos hombres que hoy, en cualquier estamento de la sociedad, e incluso dentro de las iglesias, disfrutan de gloria personal) como flor de la hierba. (La hierba tiene un período determinado de vida, pero la flor tiene muchísimo menos tiempo.) La hierba se seca, y la flor se cae, (Todo lo que no es de Dios, en este tiempo, se va a caer, se va a secar.) Mas la Palabra del Señor permanece para siempre. (¿Se da cuenta adónde está nuestra verdadera riqueza, nuestra única esperanza y nuestro certificado de victoria? En la Palabra. ¿Y qué es la Palabra, la Biblia acaso? ¡No! ¡La Biblia es el recipiente dentro del cual está la Palabra! La Palabra es el Verbo y el Verbo es Cristo, ¿Me entiende?

(Santiago 1: 11)= Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.

Usted, ahora, piense en el empresario, el artista, el deportista, el político, el funcionario público o el personaje más exitoso que conozca. Reconózcame con sinceridad: ¿Lo puede usted imaginar marchitándose? Es bastante complicado, ¿Verdad?

¿Cómo se va a caer si, incluso, a la hora de la muerte, el humilde servicio fúnebre, sin vehículos de cortejo, sin flores a la vista y con un ataúd provisto por el Estado, tiene que detenerse y darle paso a la lujosa pompa que precede a la no menos pomposa procesión automotor que acompaña el sepelio de alguien muy famoso, que ahora es transportado hacia su última morada en un cofre de varios miles de dólares? Usted se pregunta cómo eso puede significar que el personaje en cuestión se haya marchitado.

Recuerde esto por favor: un hombre es un espíritu, al cual Dios le dio un alma y que vive, o ha vivido, habitando una especie de caja descartable llamada cuerpo. De lo que estamos hablando, entonces, es de una sola parte, (Dicho sea de paso: la menor de las tres) que componen esa maravillosa y perfecta trinidad que es la creación de Dios. ¿Y de las otras dos, qué? ¡Saque sus ojos de lo natural!

(Isaías 40: 6-8)= Voz que decía: da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.
La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová (Le recuerdo que VIENTO es PNEUMA y PNEUMA es ESPÍRITU) sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.
Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la Palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Tanto la pobreza como la prosperidad son ejemplos concretos de situaciones que ponen a prueba nuestra fe. Cualquiera de ellas puede terminar en desastre.

El cristiano que es materialmente pobre, (Y que puede haberlos, porque el Señor, por ejemplo, mezcló ambas condiciones sociales al momento de elegir sus discípulos. Pero cuidado que estamos hablando de pobreza, no de miseria que no es lo mismo, puede regocijarse en nuevos valores, comprendiendo la naturaleza temporal de los bienes terrenales en oposición a los eternos beneficios de las posesiones espirituales. Ese SE MARCHITARÁ, mientras tanto, se refiere a la destrucción de aquellos que sólo son ricos en las cosas perecederas.

Fuente: tiempodevictoria.com.ar
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