lunes, 26 de abril de 2010

Y te daré descanso!!!


Sirve al Señor y a tu prójimo, lleva Su misma carga con renovado compromiso para que Él te haga descansar.

Apocalipsis 2:2-5 nos advierte: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.

En la iglesia y en el mundo hay que trabajar arduamente, con esfuerzo y sobre todo, con paciencia hacia nuestros hijos, cónyuges, hermanos y jefes. Todo debemos hacerlo por amor al Señor. Pareciera que en esta Escritura, el Señor se dirige a quienes cumplieron con el mandato que Josué recibió: “esfuérzate y sé valiente, no temas ni desmayes porque mi Dios estará contigo en todo lo que emprendas y serás prosperado”.

Pero luego de decir todo lo bueno, viene la advertencia. Así es el Espíritu Santo que primero dice lo positivo y después lo negativo. Es una excelente idea imitarlo y aprender a corregir exaltando primero las virtudes antes de criticar los defectos. A uno de mis hijos le costó un poco más aprender en el colegio y se afligía por las malas notas. Cuando sacaba números rojos que significaban una materia reprobada, yo le decía que primero viera todas las materias ganadas que tenía una nota en azul.

Eso significaba que los números rojos pronto se convertirían en azules. Ahora que está en la universidad se acercó para contarme que sacó 105 en matemática porque hizo hasta los trabajos extra. Aprendió con una buena motivación.

Cuando esta Palabra habla del caído, no se refiere a un pecador o adúltero sino a quienes sirven a Dios pero con la actitud incorrecta. Dios está hablando de líderes, pastores y cabezas de grupo que han perdido la pasión del primer amor en el servicio. La actitud es importante. No es suficiente que te esfuerces por llevar lo necesario a tu hogar si no lo haces con el mismo amor que sentían al inicio. Debes pagar la universidad de tus hijos con el entusiasmo con el que les pagaste el kínder, cuando los dejabas con su lonchera en las puertas del colegio. Nunca pierdas la pasión y buena actitud de las primeras obras. El Señor no solo quiere nuestro trabajo, también desea que todo lo hagas con la actitud correcta, con ese mismo amor del inicio. Nuestras oraciones deben ser tan intensas y con la emoción del principio aunque más maduras, no sea que digan: “mira de dónde has caído”.

La actitud con la que ves a las ovejas en el grupo debe ser la misma con la que te graduaste de la academia y vista a las primeras congregadas. No debe ser con desgano, esperando que Dios se lleve a las ovejitas difíciles. Renueva tus fuerzas para trabajar por amor a Dios y a tus semejantes. Lo importante de vivir un momento difícil es superarlo, así como atravesar el desierto debe motivarnos a no vivir en allí. Lo valioso de descubrir que bajamos la guardia es renovar nuestra actitud y tomar nuevo impulso para tener la motivación que el Espíritu Santo quiere.

Yo no dejo de sorprenderme con los milagros que el Señor obra en cada Cruzada de sanación. En cada una me alegro, salto y brinco de felicidad porque siento la emoción de la primera vez y Su gracia es nueva cada día. Mi esposa es testigo de que me pregunto con qué milagro me sorprenderá y estoy a la expectativa para que me asombre cada vez más. Es necesario que recuperemos y renovemos nuestro primer amor en todo lo que hacemos en la iglesia, en el trabajo y en nuestro hogar. Hace unas noches, abracé a mi esposa y le dije: “después de 24 años, jamás me he aburrido de ti”. Después de tanto tiempo juntos, buscamos momentos para estar a solas. Pido a nuestros hijos que se “zafen” y nos dejen disfrutar de nuestra intimidad .

Conocemos esa escritura que dice que si una persona no corrige su vida, aunque sea liberada de un demonio, siete peores pueden entrar en ella. Por eso es tan importante el seguimiento a un convertido y es necesario estar pendiente de él, amarlo, buscarlo e interesarse por su vida para que realmente cambie. Ser libre significa adquirir un compromiso. Este principio funciona de la misma forma en positivo. Una virtud puede volverse siete veces más poderosa si renuevas tu motivación y haces lo correcto delante de Dios. Si recobras el amor que estabas perdiendo por tu hogar, ahora lo amarás siete veces con más fuerzas. Tu entusiasmo para trabajar se multiplicará siete veces cuando logres recuperarlo.

Entrega que da satisfacción

Pablo dice en 2 Corintios 12: 15: Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.

La versión de la Biblia al Día dice: Para mí es un placer gastarme por entero y dar todo lo que tengo por el bien espiritual de ustedes.
Parece ser que el apóstol Pablo perdió su buena actitud en algún momento, pero se convierte en la mejor cuando la recupera. En este pasaje nos habla de gastar todo por hacer el bien. Recordemos que Gálatas nos dice que no debemos cansarnos de hacer el bien y lograrlo cuesta dinero. Bendecir a la gente con los programas de televisión y las Noches de Gloria cuesta plata. Construir un templo cómodo con aire acondicionado y buenas instalaciones también es costoso. Pablo decía que estaba dispuesto a gastarse todo, incluso él mismo. Es decir que hay dos tipos de gasto, el material y el humano que se traduce en esfuerzo y motivación.

Tener una familia bendecida que come tres veces al día y puede enviar a sus hijos a estudiar cuesta dinero. Por ello, motivamos a las personas a prosperar, porque no podemos sentirnos bendecidos sin no tenemos recursos para salir adelante. Cuando llevas a tus hijos al médico no pagas con coros y cánticos sino con dinero. Pablo dice hay que gastarlo todo por lograr el bien espiritual porque el dinero es para bendecir.

Esta diferencia entre lo material y el esfuerzo humano se lee en dos de sus frases. La primera que es “gastaré lo mío” en el original griego es “dapanao” y significa: costo, precio, compras, lo que se gasta y paga, dinero. En el sentido negativo es: desperdiciar o consumir.

La segunda que es “me gastaré del todo” en el original griego es “ecdapanao”. Nota que en la primera habla del gasto al comprar algo y en la segunda habla de su desgaste como persona por amor a otros. Estaba dispuesto a hacer un dapanao de sus recursos económicos y también un ecdapanao de su persona.

Comprar unos zapatos es dapanao pero cuando los usas haces un ecdapanao, es decir que los desgastas. En casa no quieren solamente un dapanao, un cheque para los gastos que se obtiene con ecdapanao porque te desgastas trabajando. Debemos cuidar ese ecdapanao al que nos enfrentamos y no permitir que cambie nuestra buena actitud y motivación, por el contrario, debe fortalecernos para ofrecerlo con amor.

Muchos pasamos por esto. La esposa recibe dinero y va al supermercado, hace el dapanao pero sirve a su familia de mala gana, regañando al ofrecer el cereal que compró. En este caso, permite que el ecdapanao se convierta en una mala actitud que afecta a los suyos. Pero si toma ese desgaste y lo convierte en una actitud de entrega y servicio, todo cambia y se beneficia la familia. Cambia el desgaste porque así cambiarás la actitud del gasto.

Cuando dejamos que el desgaste no afecte negativamente, nos sentimos mal hasta con nosotros mismos. Somos insoportables y quisiéramos autoabandonarnos, irnos sin nosotros, pero es imposible porque cargaremos con nuestro ser toda la vida. Pablo pasó por momentos similares y decidió cambiar. Su nueva actitud fue sufrir con gusto y placer el ecdapanao para bien de otros. El desgaste es inevitable, así que hagámoslo renovando nuestro gran placer de servir a nuestro Dios y a nuestros hermanos.

La promesa de reposo y descanso

Jesús en Mateo 11: 28 nos asegura: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

El Señor nos hará descansar y entonces podremos desgastaremos con mayor placer. Todos nos desgastamos pero debemos aprender a hacerlo con la actitud correcta, sin molestia y con placer. Por eso Pablo llegó a decir con una actitud correcta: “para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. Sin importar lo difícil de tu jornada diaria, deberías llegara tu casa y con una sonrisa llevar a comer a tu familia, diciéndoles que tal vez has sufrido el peor día pero tienes un gran placer en servir y disfrutar con ellos.

Profundicemos un poco en el significado de las palabras que Jesús utilizó. “Trabajado” en el original griego quiere decir “fatigado, exhausto, sofocado, agotado por una paliza”. Justo así nos sentimos a veces, apaleados y cansados. “Trabajado” también se usa cuando alguien está nervios, tenso o agitado y siente una presión en el pecho que no le deja respirar.

“Cargado” en inglés se dice “load” que significa “algo lleno al extremo, que no le cabe nada más porque lo que contiene tensa el recipiente”. El bolso de una mujer es un buen ejemplo de algo cargado que se llena hasta el extremo y se tensiona. Cierta noche ofrecí llevarle el bolso a mi esposa hasta nuestra habitación y al tomarlo me di cuenta que pesaba muchísimo. Cuando lo abrí ¡encontré hasta los zapatos de spinning! Eso es el colmo, así que pensé que sería buena idea presentárselo al Señor para que también lo liberara como nos lo prometió. Al sentirnos como un bolso cargado hasta reventar, decimos que estamos hartos, es decir, llenos. Ésta no es una mala palabra, Jesús también la utilizó cuando le dijo a la gente que comió de los panes y peces multiplicados: “ustedes me siguen porque os habéis hartado”. En estos casos, el Señor nos ofrece descanso.

En el verso 29, Jesús continúa prometiendo: Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.

El descanso que ofrece es para el alma donde están los pensamientos, la voluntad y los sentimientos que se desgastan. Amar, tener paciencia y hacer el bien es agotador, pero Dios pide que no desmayemos porque segaremos en el momento justo y la cosecha está por venir. Continúa trabajando tan bien como lo haces, pero cambia de actitud y entrégate con placer para que todo mejore.

Aprender de Jesús que nos enseña a ser mansos y humildes. No busques otros maestros y cuida de tus relaciones. Si quieres tener reposo en tu alma, busca a la gente que tiene buena actitud y tiene paz en su corazón. No te acerques a quienes se quejan y tienen una actitud negativa porque tarde o temprano te contaminarás y los imitarás. Las malas compañías son como las malas conversaciones que corrompen las buenas costumbres. Aprende del Señor y procura rodearte de gente positiva que a pesar de los problemas trabaja duro para que todo salga bien. No seas el contaminador y tampoco el que se contamina. No critiques a otros y no escuches críticas porque esas mismas personas sin duda también hablarán mal de ti. Corrige tu corazón y tu vida.

Cuando me convertí y leí por primera vez esta Escritura, le pedí al Señor que me ayudara a comprender qué significaba ser manso. Entonces, me dijo que yo era un buen ejemplo de poca mansedumbre porque era como un caballo salvaje que corre libre pero no sirve porque no se deja montar. Es bonito ver a los caballos salvajes corriendo libres por las praderas pero realmente no sirven de nada ni a nadie. Debes ser manso y dejarte montar para aprender. Solamente así llegarás a ser un caballo domado que sirva y dejarás de ser uno salvaje que corcovea con rebeldía.
Es difícil porque requiere humildad y es indispensable lograrlo para alcanzar la felicidad y el descanso del alma.

El Señor nos pide que llevemos Su yugo, tal como lo hace un buey al que se le enseña a arar. A los bueyes más jóvenes los acompañan de otros más viejos y sabios que les enseñan a tomar el camino correcto y no desviarse. Esta comparación sirve para entender que no podemos aprender de Jesús si no estamos dispuestos a ponernos Su yugo para soportar la misma carga y trabajar. Es mentira que puedas aprender de Él sin el compromiso de servir a Dios y Su iglesia. El que no sirve al Señor y solo quiere aprender biblia, no tiene yugo encima. Me encanta el trabajo de los grupos en casa porque los líderes van de dos en dos y aprende entre ellos, logrando solucionar los conflictos y trabajando juntos.

Si Jesús dijo “hallaréis paz” es porque la hemos buscado. La palabra “hallar” en el original significa “dar con algo, descubrirlo, encontrar algo que se buscaba, recuperar algo que antes se tuvo, llegar o regresar a un lugar”. Esto es muy revelador porque significa que debemos volver a nuestro lugar junto a Dios, reencontrando la actitud correcta para servirle sin quitarnos el yugo. Jesús y los cristianos nos comparamos con aquellos animales de trabajo y carga que están dispuestos a sacrificarse con humildad.

Aprender significa adquirir conocimiento, sabiduría, además de adquirir habilidad con la práctica, intentando hasta lograr el objetivo. Disfrutar de la paz de Cristo no se logra en un día o en un año, pero se alcanza si continuamos con el yugo y aprendemos a llevar la carga con alegría. Soportar la carga es inevitable, así que lo mejor es aprender a hacerlo con la mejor actitud. El Señor quiere darte descanso y para lograrlo debes demostrarle que compartes Su yugo. Desahógate y pídele axilio. Llora si necesitas hacerlo, porque expresar nuestros sentimientos ayuda a manejarlos. Bendice Su nombre ya que Sus fuerza nos renuevan cada día. Busca cambiar tu actitud para poder llevar la carga, haz todo con ese primer amor y compromiso que te da nuevo impulso y motivación. Dale gracias porque Él da descanso a tus emociones y a tu alma.

FUENTE: CASHLUNA.ORG
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Segun mateo 24, Habrá terremotos en diversos lugares de la tierra, para los ultimos dias!!!

TAIPEI.- Un seísmo de 6.6 grados de magnitud sacudió la isla de Taiwán, sin que hasta el momento se haya informado de daños personales, informó hoy el Servicio Meteorológico Central de la isla.

El temblor ocurrió a las 10.59 hora local (2.59 GMT) y tuvo su epicentro en el Océano Pacífico, a 190,4 kilómetros al este de la isla y a unos 10 kilómetros de profundidad, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos.

El seísmo se sintió en toda la isla y tuvo una intensidad de tres grados en los distritos de Taitung, Hualien, Ilan, Chiayi y Taichung, y de dos grados en Taipei.

El 21 de septiembre de 1999, Taiwán sufrió su terremoto más devastador de los últimos cien años, de 7.3 grados de magnitud y que causó más de dos mil 400 muertos.

Y es justamente lo que estamos presenciando desde que entró este año 2010, diversos sismos y terremotos de altos desastres estan azotando la tierra.
Lo que nos dice que la profecia se estan cumpliendo como lo dijo nuestro señor Jesucristo.

Busca a Cristo mientras pueda ser hallado, porque llegaran momentos como dice su palabra, en que muchos querran una palabra de Dios, mas no la encontraran!!!
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Doctrinas esenciales de la Biblia

La Biblia

Ya que Dios existe, también la Palabra de Dios debe existir, pues ¿no se comunicaría el Creador con Su creación? Puesto que Dios nos creó como seres racionales y ya que El nos ama lo suficiente para proveer por nosotros, seguramente El desea comunicarse con nosotros y así cumplir Su propósito para la creación. Todos los seres inteligentes buscan comunicarse, y la Inteligencia Suprema no es una excepción.

Esperaríamos que Dios registraría Su mensaje en forma escrita, el medio histórico más apropiado para la precisión, la preservación, y la propagación. Y la siguiente evidencia demuestra de una manera convencedora que la Biblia es la Palabra única de Dios al hombre en forma escrita: (1) sus pretensiones únicas, (2) su autoridad autovindicatoria, (3) el testimonio de los apóstoles y profetas, (4) la integridad de Jesucristo, quien endosó el Antiguo Testamento y comisionó a los escritores del Nuevo, (5) la naturaleza y calidad de su contenido, (6) su superioridad moral, (7) su unidad, a pesar de mas de cuarenta escritores abarcando mas de 1,600 años, (8) la falta de una alternativa creíble, (9) su concordia con la historia, la arqueología, y la ciencia, (10) su indestructibilidad, (11) su universalidad, (12) su influencia sobre la sociedad, (13) el testimonio del Espíritu, (14) su poder para cambiar vidas, (15) sus promesas y sus milagros cumplidos, (16) sus profecías cumplidas, y (17) la falta de una explicación alternativa de su origen.

Ciertamente esperaríamos que la Palabra de Dios se identificaría como tal, y cada libro de la Biblia pretende, ya sea directa o indirectamente, ser la Palabra de Dios. De todos los libros de las grandes religiones del mundo, solo un libro fuera de la Biblia se jacta de igual autoridad el Korán y su contenido imaginativo y contradictorio no apoya su pretensión. El libro más moral del mundo, la Biblia, no proclamaría la mentira más grande del mundo. Nadie fuera de Dios podría haber sido el autor de la Biblia, pues seres buenos no profesarían falsamente ser divinamente inspirados, y seres malos no enseñarían una moralidad tan alta. La Biblia es inspirada por Dios, literalmente “respirada de Dios.” “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (II Timoteo 3:16). Los santos hombres de Dios escribieron siendo inspirados por el Espíritu Santo (II Pedro 1:21).

La inspiración se extiende a todas partes de la Biblia y a cada palabra. Aunque los escritores humanos escogieron palabras que reflejaban su idioma, cultura, personalidad, circunstancias, y estilo, Dios guió el proceso de manera que cada palabra comunicaría con certeza Su mensaje. Como resultado, la Biblia es infalible, inerrante, y la única autoridad para doctrina y vida cristiana. La Biblia es verdad.

Los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento fueron reconocidos como Escrituras por los hebreos antiguos, y Jesús y los apóstoles citaron de o aludieron a casi todas ellas. Los veintisiete libros del Nuevo Testamento fueron aceptados por los Cristianos desde los tiempos más tempranos, incluso los contemporáneos de los escritores en la mayoría de los casos (II Pedro 3:15-16), y son reconocidos como Escrituras por toda la Cristiandad.

A veces pueden surgir errores al copiar, traducir, o imprimir las Escrituras, pero Dios ha mantenido Su mano sobre el proceso de transmisión para preservar Su palabra para siempre (Salmo 100:5). La exactitud del texto hebreo del Antiguo Testamento fue protegida por la extremadamente alta calidad del proceso de transmisión escribal y ha recibido verificación dramática por el descubrimiento reciente de los antiguos pergaminos del Mar Muerto. La exactitud del texto griego del Nuevo Testamento es asegurada por el extremadamente grande número de manuscritos-más de 5,000-que cancelan los errores de los copiadores.

La versión King James es la Biblia más popular en el inglés (la versión Reina-Valera es la más popular en el español). Fue traducida a través de un periodo de siete años por cuarenta y siete teólogos y lingüistas. Cada uno de ellos era un erudito célebre quien se hallaba firmemente comprometido a la inspiración y autoridad de las Escrituras.

La versión New King James es una revisión en lenguaje moderno que busca preservar la exactitud y hacerla mas fácil de entender. Los estudiantes de la Biblia deben usar el método literal de interpretación, que significa seguir la implicación natural o usual de una expresión-el significado ordinario y aparente de las palabras-en vez de buscar un significado oculto, alegórico, o “espiritual.” Es importante usar lógica sana y estudiar palabras, gramática, trasfondo, contexto, estilo literario, historia, geografía, cultura, lenguaje figurativo, símbolos, parábolas, y tipos. Al estudiar la Biblia, debemos mantener en mente varios puntos: (1) es necesario tener la iluminación del Espíritu, (2) la Biblia es básicamente clara y propuesta para ser entendida, (3) la Escritura interpreta a la Escritura, (4) la verdad se revela progresivamente desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, (5) la Biblia presenta una teología unificada, (6) ninguna doctrina es basada en un solo pasaje o se halla escondida en pasajes oscuros, (7) la Biblia está acomodada a la mente humana (pero no al error), y (8) cada pasaje tiene un significado primario pero puede tener varias aplicaciones.

Podemos tener confianza de que Dios nos ha revelado, preservado, y transmitido Su Palabra hoy y que la podemos entender. Su Palabra es la Biblia.

La Doctrina de Dios

“Dios es Espíritu” (Juan 4:24). El no se compone de carne, sangre, huesos, o materia física. El es invisible al ojo humano, a menos que escoja revelarse en alguna manera (Juan 1:18). Dios posee individualidad, racionalidad, y personalidad. El es auto-existente, eterno, e inmutable. El es omnipresente (presente en todo lugar), omnisciente (tiene toda sabiduría y todo lo conoce), y omnipotente (todopoderoso).

La naturaleza moral de Dios incluye santidad, justicia y rectitud, misericordia y gracia, amor, fidelidad, verdad, y bondad. El es absolutamente perfecto en toda manera. I Juan 4:8 dice, “Dios es amor”; ninguna otra religión le identifica tan completamente a Dios con el amor.

Puesto que Dios es santo, El no puede tener comunión con el pecado. La justicia de Dios demanda castigo para el pecado, pero en Su amor y misericordia El dió a Su Hijo para satisfacer los requisitos de Su justicia, proveyendo a la vez salvación para pecadores arrepentidos. Los que rechazan Su gentil provisión de la salvación enfrentarán a Su juicio. Dios ama al pecador, pero Su naturaleza santa no le permite amar, condonar, o ignorar el pecado.

Dios es absolutamente e indivisiblemente uno. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4). Su naturaleza eternal no contiene distinciones o divisiones esenciales. Todos los nombres y títulos de la Deidad como Dios, Jehová, Señor, Padre, Verbo, y Espíritu Santo se refieren al mismo ser. Cualquier pluralidad asociada con Dios es sola-mente una pluralidad de atributos, títulos, papeles, manifestaciones, modos de actividad, o relaciones al hombre. Muchos pasajes enfatizan la unidad de Dios (Isaías 42:8; 43:10-11; 44:6-8, 24; 45:21-23; 46:6-9; Marcos 12:28-30; Gálatas 3:20; I Timoteo 2:5; Santiago 2:19).

El título de Padre describe las funciones de Dios como padre de toda la creación, padre del Hijo unigénito, y padre del creyente renacido (Deuteronomio 32:6; Malaquías 2:10). El título de Hijo se refiere a la venida de Dios en carne, pues el niño Jesús fue concebido literalmente por el Espíritu Santo, quien era literalmente Su Padre (Mateo 1:18-20; Lucas 1:35). El título de Espíritu Santo identifica el carácter fundamental de la naturaleza de Dios. La santidad forma la base de Sus atributos morales, mientras que la espiritualidad es la base de Sus atributos no-morales. El Espíritu Santo es, específicamente, Dios en actividad, en particular ungiendo, regenerando, y habitando en el hombre-obras que Dios puede hacer porque es un Espíritu (Génesis 1:2; Hechos 1:5-8).

Estos términos también pueden ser entendidos en la revelación de Dios al hombre: Padre se refiere a Dios en relación familiar al hombre; Hijo se refiere a Dios encarnado; y Espíritu se refiere a Dios en actividad. Por ejemplo, un hombre puede tener tres relaciones o funciones significativas -como administrador, maestro, y consejero- y ser todavía una sola persona en todo sentido. Dios no es definido por ni limitado a una terciedad esencial. La Biblia nunca se refiere a Dios como una “trinidad” o como “tres personas” sino que con frecuencia le llama el Santo. El título de Verbo se refiere a la auto-expresión o auto-revelación de Dios. El Verbo de Dios es El mismo (Juan 1:1), en particular Su pensamiento, mente, razonamiento, o plan. En la persona de Jesucristo, “aquel Verbo fue hecho carne” (Juan 1:14). “Dios fue manifestado en carne” (I Timoteo 3:16).

La Existencia de Dios

El primer versículo de la Biblia le presenta a Dios como el creador del universo. La Biblia no trata de comprobar que Dios existe; presume Su existencia como fundamental. La creación misma da testimonio de que hay un Creador inteligente, omnipotente, y amante (Romanos 1:20).

Solamente puede haber tres explicaciones por la existencia del universo: (1) siempre ha existido (universo eterno); (2) llegó a existir por su propio poder (universo auto-creativo), o (3) Dios lo creó. El aceptar a cualquiera de estas requiere una fe que trasciende la comprobación científica. Es mas razonable creer en un Creador inteligente, eterno, y omnipotente que en la eternalidad o habilidad auto-creativa de la materia no racional. El orden y el diseño del universo requieren la existencia de un Diseñador. La increíble complejidad de aun las mas sencillas formas de vida demuestra que la vida no empezó por accidente o por ciega casualidad. La naturaleza moral del hombre revela que él es más que un animal inteligente; él fue creado a la imagen de un Ser racional, espiritual, y moral. Cada niño humano desarrolla una conciencia, y cada sociedad humana tiene un sentido de moralidad (Romanos 2:15).

¿Cómo podría la finita mente humana aun concebir de un Dios infinito, omnipresente, omnipotente, omnisciente, y perfecto si Dios no le impartiera aquel concepto? Cada sociedad en la historia ha expresado una creencia en un Ser Supremo, y estudios antropológicos modernos demuestran que la creencia religiosa más temprana y más fundamental es el monoteísmo, y no el politeísmo.

El testimonio de las Escrituras y la confirmación de la experiencia personal nos aseguran de que Dios a la verdad vive y se comunica con la humanidad. Últimamente, aceptamos la verdad de Su existencia por fe (Hebreos 11:6).

La Humanidad

Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen espiritual, moral, e intelectual (Génesis 1:27). El alma y el espíritu componen la parte eterna del hombre, incluyendo el intelecto, la personalidad, las emociones, la voluntad, el reconocimiento de sí mismo, la intuición, la conciencia, y el reconocimiento de Dios. Originalmente, la naturaleza humana era inocente y sin pecado, con un completamente libre albedrío. Adán y Eva escogieron desobedecer a Dios y entonces introdujeron el pecado a la raza humana. Todos ahora nacen con una naturaleza pecaminosa la compulsión a pecar, el dominio del pecado (Romanos 3:9; 5:12,19; 7:14).

La naturaleza pecaminosa lleva inevitablemente a hechos pecaminosos, resultando en condenación. La Biblia declara enfáticamente que todos los humanos son pecadores (I Reyes 8:46; Proverbios 20:9; Isaías 64:6). Todos están bajo el pecado y son culpables ante Dios (Romanos 3:9,19). “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Como un resultado, la humanidad está bajo la sentencia de muerte, física y espiritualmente. “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). “El pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:15). Muerte significa separación y la muerte espiritual última es la separación eterna de Dios. Todos necesitan ser salvos del pecado y de su pena, la muerte. Y Dios ha provisto salvación por medio de Jesucristo.

La Identidad de Jesucristo

Jesucristo es a la vez Dios y hombre. El es el único Dios encarnado. “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (II Corintios 5:19). Jesucristo es la imagen del Dios invisible, Dios manifestado en carne, nuestro Dios y Salvador, y la imagen misma de la sustancia de Dios (II Corintios 4:4; Colosenses 1:15; I Timoteo 3:16; Tito 2:13; Hebreos 1:3; II Pedro 1:1). El no es la encarnación de una de las per-sonas de una trinidad, sino la encarnación de todo el carácter, la calidad, y la personalidad del único Dios.

El reconocer la deidad de Jesucristo es esencial para la salvación. Jesús dijo, “Si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis,” haciendo referencia al nombre de Dios “Yo Soy” (Juan 8:24,58). Jesús solamente tiene poder para salvar del pecado si El es verdaderamente Dios, pues solo Dios es el Salvador y solo El puede perdonar el pecado (Isaías 43:25; 45:21- 22; Marcos 2:7).

Todos los nombres y los títulos de la Deidad se aplican apropiadamente a Jesús. El es Dios (Juan 20:28), Señor (Hechos 9:5), Jehová (Isaías 45:23 con Filipenses 2:10-11), Yo Soy (Juan 8:58), Padre (Isaías 9:6; Apocalipsis 21:6-7), Verbo (Juan 1:14), y Espíritu Santo (Juan 14:17-18).

Dios el Padre habitaba dentro de Cristo el hombre. Jesús dijo, “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30). “El Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10:38). “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre . . . el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Juan 14:9-10). La naturaleza divina de Jesucristo es el Espíritu Santo (Gálatas 4:6; Filipenses 1:19), que es el Espíritu del Padre (Mateo 1:18-20; 10:20). “El Señor es el Espíritu” (II Corintios 3:17). Jesús es Aquel que está en el trono celestial, como vemos por comparar la descripción de Jesús en Apocalipsis 1 con la de Aquel que está en el trono en Apocalipsis 4 y por notar que “Dios” y “el Cordero” es un mismo ser en Apocalipsis 22:3-4. Jesús es también el Hijo de Dios. El término Hijo puede significar solamente la naturaleza humana de Cristo (como “elHijo murió”) o puede significar la unión de deidad y humanidad (como “el Hijo volverá a la tierra en gloria”), pero nunca se usa aparte de la encarnación de Dios. Nunca se refiere solamente a la deidad. Los términos “Dios el Hijo” e “Hijo eterno” no son bíblicos. El papel del Hijo empezó cuando Jesús fue milagrosamente concebido en el vientre de una virgen por el Espíritu Santo (Lucas 1:35; Gálatas 4:4; Hebreos 1:5).

Las Escrituras proclaman enfáticamente la completa y genuina humanidad de Cristo (Romanos 1:3; Hebreos 2:14-17; 5:7- 8). El tenía un cuerpo, alma, espíritu, una mente, y una voluntad que eran humanos (Lucas 22:42; 23:46; Hechos 2:31; Filipenses 2:5; Hebreos 10:5,10). Jesús era un humano perfecto, con todo lo que la humanidad genuina incluye. La verdadera humanidad de Cristo no significa que El tenía una naturaleza pecaminosa. El era sin pecado, El no cometió pecado, y el pecado no estaba en El (Hebreos 4:15; I Pedro 2:22; I Juan 3:5). El vino con la clase de naturaleza humana inocente que Adán y Eva tuvieron en el principio. El creer en la verdadera humanidad de Cristo es esencial para la salvación (I Juan 4:3). Si Dios no vino verdaderamente en la carne, entonces no hay sangre para la remisión de pecados; no hay sacrificio de propiciación. El propósito mismo de la Encarnación era proveer un hombre santo para mediar entre el Dios santo y la humanidad pecaminosa.

Es necesario distinguir claramente entre la deidad y la humanidad de Cristo. Aunque Jesús era a la vez Dios y hombre, a veces El actuaba del punto de vista humano y a veces del punto de vista divino. Como Padre, El a veces hablaba departe de Su auto-conciencia divina; como Hijo, El a veces hablaba departe de Su auto-conciencia humana. Solamente como un hombre podría Jesús nacer, crecer, ser tentado por el diablo, tener hambre, tener sed, cansarse, dormirse, orar, ser azotado, morir, no conocer todas las cosas, no tener todo poder, ser inferior a Dios, y ser un siervo. Solamente como Dios El podría existir desde la eternidad, ser inmutable, echar fuera demonios por Su propia autoridad, ser el pan de vida, dar agua viva, dar descanso espiritual, calmar la tempestad, contestar la oración, sanar a los enfermos, resucitar a Su cuerpo de la muerte, perdonar el pecado, conocer todas las cosas, tener todo poder, ser identificado como Dios, y ser Rey de reyes. En una persona ordinaria, estas dos listas en contraste serían mutuamente exclusivas, pero las Escrituras las atribuyen todas a Jesús, revelando Su naturaleza doble.

Aunque tenemos que distinguir entre la deidad y la humanidad de Cristo, es imposible separar a las dos en Cristo (Juan 1:1,14; 10:30,38; 14:10-11; 16:32). El Padre se unió a la humanidad para formar un solo ser-Jesucristo, la Deidad encarnada. Mientras estaba en la tierra Jesús era plenamente Dios, y no meramente un hombre ungido. A la vez, El era completamente humano, y no solamente una semejanza de hombre. El poseía el poder, la autoridad, y el carácter ilimitado de Dios. El era Dios por naturaleza, por derecho, por identidad; El no se hallaba deificado solamente por una unción o investidura. Desemejante a un creyente lleno del Espíritu, la humanidad de Jesucristo se hallaba inextraíblemente unida con toda la plenitud del Espíritu de Dios. Podemos identificar cuatro temas mayores en la descripción bíblica de la Encarnación : (1) la absoluta y completa deidad de Jesucristo; (2) la humanidad perfecta y sin pecado de Jesucristo; (3) la distinción clara entre la humanidad y la deidad de Jesucristo; y, sin embargo, (4) la unión inseparable de deidad y humanidad en Jesucristo.

Jesús es la plenitud de Dios habitando en perfecta humanidad y manifestándose como un ser humano perfecto. El no es la transmutación de Dios a carne, la manifestación de una porción de Dios, la animación por Dios de un cuerpo humano, o Dios habitando temporalmente en una persona humana aparte. Jesucristo es la encarnación-incorporación, personificación humana-del único Dios.

La Iglesia

La iglesia de Jesucristo es el cuerpo de creyentes que han sido llamados a la separación, los que han sido introducidos enCristo por el bautismo de agua y del Espíritu. La Biblia describe a la iglesia como el cuerpo de Cristo, la esposa de Cristo, y un templo espiritual en el cual mora el Espíritu de Cristo. La iglesia es a la vez local y universal. Su misión en la tierra es la de (1) adorar y glorificar a Dios, (2) evangelizar al mundo, y (3) desarrollar a los creyentes hasta la madurez. Cada creyente es su propio sacerdote a Dios (por medio de Jesús) y puede comunicarse directamente con Dios (Hebreos 4:14-16; Apocalipsis 1:6). Cada miembro de la iglesia tiene una posición de servicio, que incluye el sobrellevar las cargas los unos de los otros y orar los unos por los otros (Gálatas 6:1-2; Colosenses 4:3,12).

Dios ha dado a la iglesia ministros especiales para entrenar y equipar a los creyentes para la obra de la iglesia (Efesios 4:11- 16). (1) Apóstol-uno que es enviado con una comisión. Aunque nadie puede tomar el lugar de los doce apóstoles del Cordero, quienes eran testigos oculares de Cristo, hay otros que ejercen un ministerio apostólico por servir como misioneros y líderes pioneros (Hechos 13:2-4; 14:14). (2) Profeta-uno que imparte mensajes o dirección especiales departe de Dios (Hechos 11:27; 15:32; 21:10). (3) Evangelista-predicador a los inconversos (Hechos 21:8; II Timoteo 4:5). (4) Pastor-uno que dirige y cuida del pueblo de Dios, también llamado obispo (superintendente) y anciano (Hechos 14:23; 20:28; I Timoteo 3:1-7; Tito 1:5- 9; I Pedro 5:1-4). (5) Maestro-uno que instruye en la Palabra de Dios (Hechos 13:1). También existe el oficio de diácono (siervo). Los diáconos ayudan a los líderes espirituales en los asuntos y las actividades de la iglesia (Hechos 6:3; I Timoteo 3:8-13).

Dios ha ordenado el gobierno de la iglesia, y El da varios ministerios, papeles, tareas, o oficios a los que acabamos de mencionar (Romanos 12:4-8; I Corintios 12:28). Al mismo tiempo, los líderes deben ser siervos y ejemplos, y no dictadores (Mateo 20:25-28; I Pedro 5:3). La iglesia también tiene dones del Espíritu que permanecerán hasta el regreso de Cristo (I Corintios 1:2,7; 12:8-10). Estos dones nunca deben ejercerse en una manera contraria a la Biblia o el liderato piadoso, sino siempre con amor, en orden, y para la edificación del cuerpo. Los dones espirituales son milagrosos y sobrenaturales. Pueden clasificarse en la siguiente manera.

Dones de revelación. (1) Palabra de sabiduría-guianza, dirección, o entendimiento divino para una situación específica (Hechos 27:9-11). (2) Palabra de ciencia-revelación divina de un hecho que de otra manera sería desconocido al recipiente (Hechos 5:1-11). (3) Discernimiento de espíritus-el percibir si algo es motivado por Dios, un espíritu malo, o el espíritu humano (Hechos 16:16-18).

Dones de poder. (4) Fe-una encomendación especial de confianza en Dios para una crisis en particular o una situación aparentemente sin esperanza (Hechos 27:21-25). (5) Dones de sanidad-sanidades divinas, ya sean instantáneas o progresivas, para varios tipos de enfermedades físicas y mentales (Hechos 5:12-16). Cristo compró la sanidad para el cuerpo (Isaías 53:5; Mateo 8:16-17) y dió a los creyentes autoridad para imponer las manos sobre los enfermos para su sanidad (Marcos 16:17-18). Los ancianos deben ungir a los enfermos con aceite y orar por su sanidad en el nombre de Jesús (Santiago 5:13-16). (6) El hacer milagros-intervención directa departe de Dios en una situación, trascendiendo a las leyes naturales (Hechos 20:7- 12; 28:1-6).

Dones de expresión. (7) Profecía-un mensaje de Dios en el idioma conocido (I Corintios 14:3-4, 29-33). En un sentido mas general, cada testimonio, predicación, o alabanza ungida puede llamarse profecía (Apocalipsis 19:10). (8) Géneros de lenguas-un mensaje de Dios en un idioma desconocido a los oyentes, a ser interpretada para el beneficio de la iglesia (I Corintios 14:5, 27-28). Cada creyente puede también hablar en lenguas sin interpretación para devoción y beneficio personal (I Corintios 14:4, 14-15, 18, 28). (9) Interpretación de lenguas-el dar el significado de un mensaje público en lenguas (I Corintios 14:5, 27-28).

Jesucristo instituyó la Cena del Señor y el lavamiento de los pies en Su iglesia, y mandó la observación de los dos (Lucas 22:14-20; Juan 13:2-17; I Corintios 10:16-17; 11:23-34). La Cena del Señor consiste en comer pan sin levadura y tomar el fruto de la vid, que simbolizan el cuerpo partido y la sangre derrama-da de Cristo. La iglesia debe participar con reverencia, examinación propia, y arrepentimiento, recordando solemnemente la muerte propiciatoria de Cristo y anticipando con gozo Su regreso. Los creyentes se gozan así de comunión con El y confraternidad los unos con los otros. El lavamiento de pies enseña humildad, servicio, y confraternidad.

La iglesia local debe reunirse regularmente y con frecuencia. No es obligada a observar las leyes sabáticas, pues la iglesia no es limitada por la ley ceremonial (Hechos 15:19-29; Romanos 14:5-6; Gálatas 4:9-11; Colosenses 2:16-17). Los Cristianos se gozan de santificación y descanso espiritual a diario en el Espíritu Santo. Sin embargo, la designación de un día semanal de descanso y el señalar tiempos para adoración en grupo todavía son principios válidos. La iglesia primitiva se congregaba el día domingo para conmemorar la resurrección del Señor (Hechos 20:7; I Corintios 16:2). Cada Cristiano debe ser fiel a las reuniones de su iglesia local (Hechos 2:42; Hebreos 10:25).

La Obra Salvadora de Jesucristo

Dios vino en carne como Jesucristo para proveer salvación para Su creación caída. La Encarnación era para el propósito de la Propiciación. El evangelio, literalmente las “buenas nuevas,” es que Jesús murió, fue sepultado, y resucitó para nuestra salvación. Disímil a toda otra religión, el Cristianismo depende de la muerte y resurrección de su fundador. La santidad de Dios demanda que El se separe de la humanidad pecaminosa. La separación de Dios, la fuente de toda vida, significa muerte-físicamente, espiritualmente y eternamente-y entonces la santa ley de Dios requiere la muerte como la pena para los pecadores. Dios escogió obligarse por el principio de muerte por el pecado. Sin el derramamiento de sangre (el dar de una vida) no puede haber remisión o libertad de esta pena y no puede haber restauración a comunión con el Dios santo (Hebreos 9:22). La muerte de animales no es suficiente para remitir nuestros pecados (Hebreos 10:4), porque somos mucho mayor que ellos en que nosotros fuimos creados a la imagen espiritual de Dios. Tampoco puede una persona ordinaria sufrir la pena en nuestro lugar, pues cada uno merece la muerte eterna por sus propios pecados. Para poder proveer un sustituto aceptable, Dios vino a la tierra como un hombre sin pecado-Jesucristo. Jesús era el único hombre sin pecado que jamás ha vivido, y entonces El era el único que no merecía morir y que podría ser un sustituto perfecto. Su muerte llegó a ser la propiciación permanente por nuestros pecados. Dios no excusa a nuestros pecados sino que ha infligido la pena por esos pecados en el inocente hombre Cristo. Entonces la muerte de Cristo fue hecha necesaria por (1) la pecaminosidad de toda la humanidad, (2) la santidad de Dios, (3) la ley de Dios que requiere muerte como la pena por el pecado, y (4) el deseo de Dios de proveer salvación para los pecadores.

No hay salvación fuera del Señor Jesucristo. Jesús afirmó, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). (Véase Juan 8:24; Romanos 10:9-17.) El Antiguo Testamento tipificó la muerte de Cristo por sacrificios de animales. El pueblo de Dios ofrecía sacrificios de sangre para hacer propiciación por-cubrir, perdonar, remitir, o expiar- sus pecados. Estos sacrificios no quitaban actualmente el pecado, pero demostraban fe en y obediencia a el plan de salvación de Dios. En la cruz, Jesús pagó la pena por los pecados de todo el tiempo, y su sacrificio está al alcance de todos en toda época que creen y obedecen a Dios (Romanos 3:25).

La Biblia describe la muerte de Cristo de varias maneras:

1. Redención o rescate (Mateo 20:28; Gálatas 3:13; I Timoteo 2:6). Redimir significa librar por pagar un precio; el rescate es el precio pagado. La sangre (vida) de Cristo era el rescate que la santa ley de Dios demandaba para redimirnos del cautiverio y la pena del pecado (I Pedro 1:18-20; Apocalipsis 5:8- 10).

2. Propiciación (Romanos 3:25; I Juan 2:2). Esto significa satisfacción o aplacamiento-algo que le permite a Dios perdonar el pecado sin comprometer Su santidad y justicia. La muerte de Cristo cumplió con los requisitos justos de Dios, comprando así la remisión de pecados (Mateo 26:28; Juan 1:29).

3. Reconciliación (Romanos 5:6-11; II Corintios 5:14-21). Cristo el hombre hace mediación entre Dios y los hombres (I Timoteo 2:5). Como un hombre sin pecado El quitó la barrera entre el Dios santo y los hombres pecaminosos, restaurándonos a la comunión con Dios.

4. Sustitución (Isaías 53:5-6; II Corintios 5:21; I Pedro 2:24). Jesucristo tomó nuestro lugar y sufrió la pena que nosotros merecíamos por nuestros pecados. En este sentido El llego a cargar el pecado, a ser el sacrificio por nuestros pecados (I Corintios 5:7; Hebreos 9:28;10:10-17).

Después de que Cristo murió, Su cuerpo fue sepultado en la tumba y su alma descendió al Hades (el lugar de las almas que han partido) (Hechos 2:25-32). Después de tres días El resucitó con un cuerpo físico glorificado, victorioso sobre la muerte y el Hades. Su resurrección es esencial para nuestra salvación porque hizo efectivo a Su muerte; obtuvo Su victoria sobre la muerte (Romanos 4:25; I Corintios 15:14). Por causa de Su resurrección nosotros tenemos poder para vencer y vida nueva en Cristo además de la seguridad de la inmortalidad futura (Romanos 5:10;6:4; I Corintios 15:20-23). Cuarenta días después de la resurrección, Jesús ascendió al cielo, donde es exaltado para siempre (Efesios 1:20,21; Filipenses 2:9). Durante Su vida terrenal, El dejó las prerrogativas divinas de gloria, honra, y reconocimiento y se sometió a limitaciones humanas, pero ahora no. En el cielo, Jesucristo como Dios está abiertamente investido de todo poder, autoridad, y gloria. La Cruz era el único, final sacrificio para todo tiempo (Hebreos 10:12), y aquel sacrificio supremo provee intercesión presente por nuestros pecados y libre acceso al trono de Dios (Romanos 8:34; Hebreos 4:14-16; I Juan 2:1).

La Cruz invierte todas las consecuencias del pecado. La iglesia más que recuperará en Cristo todo lo que la raza humana perdió a causa del pecado. Los creyentes se gozan de muchas bendiciones como resultado en esta vida y recibirán la plenitud en la eternidad. Los beneficios de la obra de Cristo incluyen el perdón de pecados, vida nueva espiritual, poder sobre el diablo, sanidad para el cuerpo, y últimamente liberación de la creación de la maldición del pecado y vida eterna para los creyentes (Isaías 53:5; Romanos 8:19-23; Colosenses 1:14,20; Hebreos 2:14). La obra presente de la salvación tiene varios aspectos, que una persona recibe por fe al arrepentirse, ser bautizado en el nombre de Jesús, y recibir el Espíritu Santo (I Corintios 6:11).

1. Justificación (Romanos 3:24,26). Justificar significa declarar, contar, o considerar como justo. Esto incluye el perdón de pecados, incluso la remoción de toda culpabilidad y castigo, y la imputación de la justicia de Cristo.

2. Regeneración, o nuevo nacimiento (Juan 3:5; Tito 3:5). Esto es más que una reformación; es el impartimiento de una nueva naturaleza-la naturaleza de Dios-con un cambio de deseos y poder para vivir una vida nueva.

3. Adopción (Romanos 8:14-17; Gálatas 4:1-7). El creyente es colocado en la familia espiritual de Dios y escogido como Su heredero.

4. Santificación, o separación (Hebreos 10:10). Al ser convertida, la persona es puesta aparte del pecado. El Espíritu Santa sigue entonces a transformarle, perfeccionarle, y hacerle santa (II Corintios 3:18; I Tesalonicenses 3:13; 5:23). La obra propiciatoria de Cristo es la base para la salvación en toda época. La salvación siempre tiene su origen en la gracia de Dios y es apropiada por la fe obediente. Cristo murió por toda la raza humana (Juan 1:29; I Timoteo 2:6; I Juan 2:2). Los beneficios de Su propiciación llegan a todos los que creen en El y aplican Su obra a sus vidas (Juan 3:16; Hebreos 5:9).

La Salvación Neotestamentaria

En el contexto de las Escrituras, salvación significa liberación de todo el poder y los efectos del pecado, y tiene aspectos pasados, presentes, y futuros.

Salvación por gracia por medio de la fe. No hay nada que una persona pueda hacer para salvarse a sí misma. Ninguna cantidad de buenas obras o adherencia a leyes puede salvarle. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). La salvación es un regalo gratis de Dios, la cual el hombre no puede merecer o ganarse. La obra propiciatoria de Jesucristo ha hecho disponible este regalo gratis de la salvación, y la única manera de recibirlo es creer en Jesús y en la suficiencia de Su sacrificio (Romanos 3:24-28; 4:22-25).

La fe salvadora. El creer en Jesucristo incluye el creer Su Palabra, y el realmente creer Su Palabra incluye la obediencia. La fe es más que asentó mental, aceptación intelectual, o profesión verbal; incluye confianza, compromiso, apropiación, y aplicación. No podemos separar la fe salvadora de la obediencia (Hechos 6:7; Romanos 1:5; 2:6-10; 10:16; 16:26; Hebreos 11:6-8). La obediencia a la Palabra de Dios es absolutamente necesaria para la salvación (Mateo 7:21-27; Juan 14:15,23; Romanos 6:17; 15:18; II Tesalonicenses 1:7-10; Hebreos 5:9; I Pedro 1:21-23; 4:17; I Juan 2:3-5; 5:1-3). La fe vive solamente mediante respuesta y acción (Santiago 2:14-26). Es posible tener un grado inicial de fe en Cristo y todavía no ser salvo si no hay aceptación, compromiso, y obediencia completa (Mateo 7:21-23; Juan 2:23-25; 12:42-43; Hechos 8:12-23; Santiago 2:19). La fe es el medio de apropiar la gracia de Dios. Es el medio por el cual la gente se entrega a Dios, obedece Su Palabra, y le permite hacer Su obra salvadora en ellos. Entonces, la fe salvadora es (1) la aceptación del evangelio de Jesucristo como el único medio de salvación y (2) obediencia a aquel evangelio (aplicación o apropiación de aquel evangelio).

El evangelio y el Nuevo Nacimiento. El evangelio de Jesucristo es Su muerte, sepultura, y resurrección para nuestra salvación (I Corintios 15:1-4). Una persona responde al evangelio, o aplica el evangelio a su vida, por arrepentimiento del pecado (muerte al pecado), bautismo por inmersión en agua en el nombre de Jesucristo (sepultura con Cristo), y recibir el Espíritu Santo (vida nueva en Cristo) (Hechos 2:1-4,38; Romanos 6:1-7; 7:6; 8:2).

Jesús dijo, “El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (Juan 3:5). Cuando una persona cree en Jesucristo y obedece a Hechos 2:38, experimenta el nacimiento de agua y del Espíritu. El es “nacido de nuevo,” actualmente llegando a ser una nueva creación (Juan 3:3, 7; II Corintios 5:17). En el arrepentimiento y el bautismo en agua, él sepulta la manera antigua y pecaminosa de vivir, el registro de los pecados pasados, y la pena de muerte por el pecado. Cuando él recibe el Espíritu Santo él empieza a vivir una vida nueva y piadosa.

En el Día de Pentecostés, el día del nacimiento de la iglesia neotestamentaria, el apóstol Pedro predico el primer sermón del evangelio a las multitudes que se habían juntado para observar a los creyentes recién llenos del Espíritu mientras ellos hablaban en lenguas y alababan a Dios. Convencidos de sus pecados por su mensaje sencillo pero poderoso, los oyentes clamaron, “Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). Pedro dió una respuesta precisa, completa, e inequívoca: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). Los que fueron salvos en los Evangelios fueron salvados bajo el Antiguo Pacto mientras esperaban el Nuevo. El Nuevo Pacto no entró en efecto hasta después de la ascensión de Cristo (Lucas 7:28; 24:47-49; Juan 7:39; 16:7; Hechos 1:4-8; Hebreos 9:14-17). Entonces, Hechos 2:38 es la respuesta comprensiva a una pregunta acerca de la conversión neotestamentaria, expresando en forma compacta la respuesta correcta al evangelio.

No tan solo los judíos en el Día de Pentecostés recibieron la experiencia de Hechos 2:38, sino que los samaritanos, el apóstol Pablo, los gentiles, y los discípulos de Juan en Efeso la recibieron también (Hechos 8:12-17; 9:17-18 con 22:16; 10:44-48; 19:1-6). En breve, el mensaje de salvación en el Nuevo Testamento es arrepentimiento del pecado, bautismo en agua en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y el recibir el Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en lenguas.

Arrepentimiento. El arrepentimiento es una media vuelta desde el pecado hacia Dios (Hechos 26:18-20). Tiene tres aspectos necesarios: un cambio intelectual (cambio de opiniones), un cambio emocional (cambio de sentimientos), y un cambio volicional (cambio voluntario de propósito). Incluye reconocimiento del pecado (Marcos 2:17), confesión del pecado a Dios (Proverbios 28:13; I Juan 1:9), contrición o tristeza según Dios por el pecado (Salmo 51:17; II Corintios 7:10), y una decisión de abandonar el pecado (Proverbios 28:13; Lucas 3:7-8). Juntamente con el arrepentimiento viene la disposición a hacer restitución por los pecados pasados, lo más posible (Mateo 5:23-24; Lucas 19:8).

El arrepentimiento es la primera respuesta de la fe al llamado de Dios (Marcos 1:15). Es absolutamente necesario para la salvación (Lucas 13:3,5; Hechos 17:30; II Pedro 3:9). Sin el arrepentimiento el bautismo no es efectivo, y sin el arrepentimiento una persona no puede recibir el Espíritu Santo (Hechos 2:38; 3:19). En el arrepentimiento, la persona empieza a dejar que Dios obre en su vida. Se decide a dejar el pecado y permite que Dios le vuelva. Como parte del apartarse del pecado, Dios le enpodera para quebrar sus ligaduras a los deseos y hábitos pecaminosos. Como parte de la vuelta hacia Dios, el arrepentimiento prepara el camino para que tenga una relación personal con Dios, calificándole para bautismo de agua y del Espíritu. La obra de perdón y remisión viene mediante arrepentimiento y bautismo en agua (Hechos 2:38). El arrepentimiento trata con la manera pecaminosa de vivir de la persona, y el bautismo trata con el registro y las consecuencias del pecado.

Bautismo en Agua. El bautismo en agua es parte de la salvación (I Pedro 3:21). Expresa fe en Dios por obediencia a Su Palabra (Marcos 16:16; Hechos 2:41). El modo bíblico del bautismo es inmersión en agua, y solamente este método retiene el simbolismo bíblico del bautismo como una sepultura (Mateo 3:16; Hechos 8:36-39; Romanos 6:4). La fe en Cristo y el arrepentimiento del pecado se necesitan para que sea válido; entonces el bautismo de los infantes no es apropiado (Mateo 3:6-11; Hechos 2:38; 8:37).

El significado bíblico del bautismo en agua es lo siguiente: (1) Dios remite el pecado en el bautismo en agua (Hechos 2:38; 22:16). Dios borra el registro del pecado y cancela su pena. El lava los pecados, sepultándolos para siempre. (2) El bautismo es parte del nuevo nacimiento (Juan 3:5; Tito 3:5). (3) El bautismo le identifica a la persona con la sepultura de Jesús (Romanos 6:4; Colosenses 2:12). Indica que él ha muerto a los pecados por el arrepentimiento y que está sepultando sus pecados pasados, el dominio del pecado, y la manera de vivir pecaminosa. (4) El bautismo en agua es parte del único bautismo de agua y del Espíritu que coloca a los creyentes en Cristo (Romanos 6:3-4; Gálatas 3:27; Efesios 4:5). Los identifica personalmente con Jesús y es parte de la entrada a Su familia. (5) El bautismo es parte de la circuncisión espiritual (Colosenses 2:11-13).

La Biblia enseña que el bautismo debe administrarse en el nombre de Jesucristo. Esto significa invocar el nombre de Jesús oralmente (Hechos 22:16; Santiago 2:7) y rebautizar a los que han sido bautizados de alguna otra manera (Hechos 19:1-5). El nombre de Jesús en la fórmula bautismal expresa fe en Su verdadera identidad, obra propiciatoria, y poder y autoridad para salvar. El nombre de Jesús es el único nombre salvador, el nombre por el cual se recibe la remisión de pecados, el nombre más exaltado, y el nombre en el cual los cristianos deben decir y hacer todas las cosas (Hechos 4:12; 10:43; Filipenses 2:9-11; Colosenses 3:17). Entonces, el usar el nombre de Jesús es la manera correcta de cumplir todos los propósitos para el bautismo.

La Biblia registra cinco relatos históricos del bautismo en la iglesia neotestamentaria que describen un nombre o una fórmula. En cada caso el nombre es Jesús (Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:5; 22:16). Las epístolas también aluden a la fórmula del Nombre de Jesús (Romanos 6:3-4; I Corintios 1:13; 6:11; Gálatas 3:27; Colosenses 2:12). Aun Mateo 28:19 se refiere a esta fórmula, pues describe un nombre singular que representa todas las manifestaciones redentivas de la Deidad, y ese nombre es Jesús (Zacarías 14:9; Mateo 1:21; Juan 5:43; 14:26; Apocalipsis 22:3-4). Además, Jesús es el nombre que se describe en los otros relatos de la Gran Comisión (Marcos 16:17; Lucas 24:47).

El bautismo del Espíritu Santo. El bautismo con, por, en o del Espíritu Santo es parte de la salvación en el Nuevo Testamento (Juan 3:5; Romanos 8:1-16; I Corintios 12:13; Efesios 1:13-14; Tito 3:5). La frase describe cómo el creyente es sumergido en y llenado del Espíritu Santo de Dios. En Hechos los términos “bautizados, llenos, recibido, cayó sobre, vino sobre, y sobre... se derramase el don” describen todos a esta experiencia (Hechos 1:4-5; 2:4; 10:44-47; 11:15-17; 19:1-6). Se promete a todos los que creen en Jesús y obedecen Su Palabra (Juan 7:38-39; Hechos 5:32; 11:15-17; 19:2; Gálatas 3:14; Efesios 1:13).

La Biblia registra cinco relatos históricos de la recepción del Espíritu Santo en la iglesia neotestamentaria: los judíos, los samaritanos, los gentiles, el apóstol Pablo, y los discípulos de Juan en Efeso. Este registro establece que el bautismo del Espíritu de veras es para todos (Lucas 11:13; Hechos 2:39) y es acompañado por la señal inicial de lenguas (Marcos 16:17). Hablar en lenguas significa hablar sobrenaturalmente, como el Espíritu da que se hable, en un idioma que el que habla nunca ha aprendido (Hechos 2:1-11). Tres de los relatos describen explícitamente el hablar en lenguas como la señal inicial de recibir el Espíritu. En el Día de Pentecostés, un sonido de viento significó la venida del Espíritu y llamas como de fuego señalaron la disponibilidad a cada persona, pero el hablar en lenguas “según el Espíritu les daba que hablasen” era la señal inicial de que cada individuo había sido llenado (Hechos 2:1-4). Las lenguas convencieron a los judíos escépticos y atónitos que los gentiles acababan de recibir el Espíritu Santo; las lenguas por sí solas identificaron suficientemente a esta experiencia como la experiencia Pentecostal (Hechos 10:44-47; 11:15-17). Los discípulos efesios también hablaron en lenguas como la primera señal de recibir el Espíritu (Hechos 19:6).

Las lenguas son implícitas en los otros dos relatos. Una señal milagrosa no nombrada indicó el momento exacto cuando los samaritanos recibieron el Espíritu; su ausencia anterior denota que ellos todavía no tenían el Espíritu a pesar de tener gozo, fe, y bautismo, y era tan espectacular que Simón el Mago codiciaba el poder de impartir el Espíritu con esta señal (Hechos 8:5-19). Hechos 9:17 menciona sin descripción la experiencia de Pablo, pero I Corintios 14:18 dice que él hablaba en lenguas con frecuencia. El bautismo del Espíritu Santo es la experiencia básica y normal con Dios en el Nuevo Testamento, el nacimiento del Espíritu. El Espíritu es el reposo, guía a toda la verdad, el que hace adopción, intercesor, sello, arras de la herencia, y santificador (Isaías 28:11-12; Juan 16:13; Romanos 8:15,26; Efesios 1:13-14; I Pedro 1:2). Una persona puede recibir el Espíritu por arrepentirse, tener fe en Dios, y pedirle a Dios Su don. Cuando una persona recibe el Espíritu Santo, recibe poder para vencer al pecado y vivir una vida santa (Hechos 1:8; Romanos 8:4,13). Si él permite que el Espíritu le llene (controle y guíe) continua-mente, producirá el fruto del Espíritu y llegará a ser como Cristo (Gálatas 5:22-23).

Conclusión.

No se debe rechazar a los que no han recibido la experiencia neotestamentaria, sino que deben ser animados a recibir todo lo que Dios tiene para ellos. Hay mucha gente sincera y aun arrepentida como Apolos y los discípulos de Juan en Efeso quienes necesitan ser guiados a verdad mas avanzada para que puedan tener un nuevo nacimiento apostólico. La experiencia y la doctrina de una persona deben conformarse al modelo bíblico y apostólico completo; los que buscan a Dios sin cumplir con este modelo tendrán que contestar a Dios. La responsabilidad de una persona es clara: tiene que actuar sobre la verdad.

En resumen, (1) la Biblia es la única autoridad para la salvación; (2) la base de la salvación es la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo; (3) la salvación viene solamente por gracia mediante la fe en Jesucristo; y (4) la aplicación de la gracia y la expresión de la fe vienen mientras una persona obedece a Hechos 2:38, recibiendo así el nuevo nacimiento de Juan 3:3-5.
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Los terrores del infierno

La doctrina del infierno es una de las más olvidadas de toda la Escritura. Cuando hoy se menciona el infierno, generalmente es ridiculizado, como si toda la idea del infierno estuviera tan pasada de moda que sólo los ingenuos e ignorantes pudieran creer que un lugar así realmente exista. Esto no es difícil de entender. El hombre natural aborrece la idea de tener que dar cuenta de su vida delante de un Dios santo, él (el hombre natural), ama el pecado y no quiere vivir sin él. La mente no regenerada presenta una objeción tras otra con tal de no encarar la realidad del infierno. El ser humano vive su vida pensando que si ignora una dificultad por un determinado tiempo puede que ésta desaparezca. Hasta los líderes religiosos tenidos por conservadores comienzan ahora a atacar la idea del infierno. Dejemos que los hombres hagan lo que les plazca, seguros de que las frívolas objeciones de los necios no conseguirán destruir la realidad del infierno.

En medio del clamor que busca aniquilar el infierno están aquellos que creen que la Biblia es verdad, estos deben pararse y hablar. Meditar en los terrores del infierno puede ser uno de los ejercicios mas importantes que puedas hacer en esta vida. Si "el que oye el sonido de la trompeta no se da por advertido, y viene una espada y se lo lleva, su sangre recaerá sobre su cabeza" (Ezequiel 33:4). Pido el favor de que el lector se tome el tiempo de leer este librito hasta el final.

¿Por qué debería uno preocuparse por el infierno? ¿Por qué gastar tiempo leyendo sobre el infierno? Son varias las razones que nos muestran el beneficio de hacerlo:

Oir de los terrores del infierno puede chocar a la conciencia y despertarle de su falsa seguridad.

Saber del infierno contribuye a detener al hombre de su camino de pecado. Tanto el piadoso como el malvado son persuadidos de no pecar cuando recuerdan regularmente los terrores del infierno.

Conocer los terrores del infierno puede ayudar a despertar a aquellos que piensan que son salvos solo porque creen en Cristo o en los hechos del Evangelio, pero que no son realmente salvos sino que están camino del infierno, sin saberlo.

Predicar la doctrina del infierno es beneficioso tanto para creyentes e incrédulos por igual, como será demostrado.

¿Por qué las personas no tienen miedo del infierno? Parece que hoy hay una real carencia de miedo a la realidad del infierno. Esto afecta tanto a aquellos que asisten a la iglesia como a los que viven en el mundo. La gente no teme el infierno, ¿por qué?

Una persona no tendrá miedo de un león cuando es un cuadro en la pared. ¿Cómo es esto? Bueno, se trata solo de una pintura. Sabe que no es real. Pero si esa persona fuera dejada sola en la jungla y se topara cara a cara con una león real, rugiendo ferozmente, entonces se llevaría un susto de muerte. La conciencia del ser humano tocante al infierno es semejante a la del hombre que sólo ve un león pintado en un cuadro. Sin embargo, oímos del infierno en la Biblia. Sabemos que el Señor Jesús habló del infierno. De hecho, Cristo habló más del infierno que de ninguna otra cosa en las Escrituras. ¿Cómo es que los hombres no creen que el infierno es real? Porque no han escuchado lo suficiente sobre él. No han estudiado todo lo que la Biblia enseña sobre el tema. No es lo que oímos solamente lo que contribuye a forjar nuestra creencia, lo que no oímos también contribuye a formar nuestro sistema de creencias. Únicamente el Espíritu Santo puede presentar a nuestros corazones los terrores del infierno de tal modo que los sintamos tan reales como nunca antes. La doctrina del infierno ha sido usada por Dios en la conversión de pecadores más que ninguna otra de las Escrituras. Ora para que, mientras lees este tratado, el Espíritu Santo pueda mostrarte el infierno tan auténticamente real como es.

LA NECESIDAD DEL INFIERNO

Muchos de los que hoy día se burlan del infierno, probablemente lo hacen por varias razones. Primariamente se trata de un deseo de estos de continuar en sus propios caminos de pecado sin tener sus conciencias preocupadas con la idea de las consecuencias de sus acciones. No quieren oír que lo que están haciendo está mal. No quieren oír que sus pecados serán castigados. Alguien pudiera objetar: "El tormento eterno en el infierno, ¿no es inconsistente con un Dios misericordioso y amante? ¿Cómo puede un buen Dios castigar a la gente en el infierno para siempre?" Un malentendido del carácter de Dios y de la naturaleza del pecado puede llevar fácilmente a este tipo de preguntas. ¿Por qué es necesario el infierno? Examinemos algunas razones que nos hablan de su necesidad.

La pecaminosidad del pecado y la santidad de Dios. La dificultad que la mayoría de la gente tiene a la hora de comprender la necesidad del infierno está relacionada con su incompleto e inadecuado entendimiento de lo terrible que es el pecado y de lo glorioso que es Dios. No vemos el mal tan grande que hay en el menor de los pecados ni entendemos la santidad de Dios, su justicia y su ira. Si viéramos el pecado como la maldad más grande en el mundo y nos diéramos cuenta de que cada pecado es un rechazo del gobierno de Dios sobre nosotros, una burla, una bofetada en su rostro, lanzarle estiércol a Él, comenzaríamos a comprender un poco de lo que nuestro pecado representa para Dios. Cada vez que pecamos erigimos un dios rival en nuestro corazón, en la forma de nosotros mismos o de nuestro vicio más querido. El pecado rechaza al Creador como Dios y pone la criatura en su lugar.

Si pudiéramos entender la santidad de Dios y lo que significa ser santo, puro, perfecto, justo, incontaminado, limpio hasta del menor pecado, tendríamos una idea mejor de por qué Dios aborrece tanto el pecado. La santidad absoluta no puede tolerar el menor de los pecados. "Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio" (Habacuc 1:13). Si pudiéramos comprender la gloriosa santidad de Dios y su pureza, así como la abominable naturaleza del pecado, entonces no tendríamos problemas con la necesidad absoluta del infierno.

"Más engañoso que todo, es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?" (Jeremías 17:9). El corazón humano está enfermo, es malvado, engañoso. La corrupción del corazón hace que el ser humano sea engañado respecto a la fealdad del pecado y muchas otras cosas mas.

La naturaleza infinita de Dios. Para entender lo que el pecado es realmente tenemos que verlo a través de los ojos de Dios. Dios es un ser infinito y eterno. Cada acto pecaminoso es cometido contra un Dios infinito y santo. Con cada pecado destronamos a Dios y nos colocamos a nosotros mismos por encima de Él. En cada pecado se encierra esta cuestión: "¿Cuál es la voluntad a cumplirse, la de Dios o la del hombre? Mediante el pecado, el hombre coloca su voluntad por encima de la del Señor, de tal modo que pone a Dios como basura bajo sus pies". Un solo acto pecaminoso cometido contra un Dios santo e infinito merece castigo infinito. Es un mal infinito ofender a un Dios infinito, incluso una sola vez.

La justicia divina. Un solo pecado contra Dios obliga a Dios a vindicar su nombre y su justicia mediante un castigo tan completo como sea debido. Dios puede y quiere vindicar su justicia. Lo promete en Romanos 12:19, donde se dice: "Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dar lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor". Uno de los predicadores más grandes que jamás haya existido, Jonathan Edwards, escribió: "La gloria de Dios es el mayor bien; es el fin supremo de la creación, es de más importancia que cualquier otra cosa. Pero hay un modo mediante el cual Dios se glorificará a si mismo, a saber, la destrucción eterna de los impíos, que glorificará Su justicia. Entonces se presentará como un gobernador justo de este mundo. La justicia vindicativa de Dios se presentará estricta, puntual, asombrosa, terrible y por tanto gloriosa".

UNA DESCRIPCIÓN DEL INFIERNO

El infierno es un horno de fuego inextinguible, un lugar de tormento eterno, donde sus víctimas son atormentadas tanto en sus cuerpos como en su mentes, conforme a sus naturalezas pecadoras, los pecados actuales cometidos y la cantidad de luz espiritual ofrecida y rechazada por ellos. El infierno es un lugar de donde la misericordia y la bondad de Dios han sido retiradas; donde la ira de Dios es revelada como un fuego consumidor, terrorífico; donde los impíos viven con sus vicios sin poder realizarlos en un tormento sin fin.

En Mateo 13:47-50, el Señor Jesús narró una parábola sobre el juicio. En los versículo 49 y 50, el Señor describe el destino de los malvados: "Así será el fin del mundo; los ángeles saldrán y sacarán a los malos de entre los justos, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes".

Al examinar las palabras del Señor lo primero que deberíamos notar es que el infierno se describe como un horno de fuego. El horno de Nabuconodosor (del que se nos habla en el Antiguo Testamento) fue calentado siete veces más de lo acostumbrado y es descrito como "un horno de fuego ardiente" (Daniel 3:23). Juan el Bautista hablé de "fuego inextinguible" (Lucas 3:17) y Apocalipsis describe el infierno como "lago de fuego que arde con azufre" (Apocalipsis 19:20). ¿Podemos, realmente, imaginarnos el horror del cual hablan estas palabras? Imagina cada parte de tu cuerpo expuesta al fuego al mismo tiempo, de modo que cada fibra de tu ser sienta el intenso tormento de ser quemado. ¿Cuánto tiempo aguantarías semejante castigo? Cristo dice que "allí será el llanto y crujir de dientes". Los impíos llorarán y crujirán los dientes al tener que soportar el dolor y el sufrimiento más intenso que jamás hayan sentido de unas llamas que les consume constantemente cada parte de su cuerpo. No habrá alivio.

Jonathan Edwards describe en lenguaje gráfico cómo serán las llamas del infierno: "Algunos de ustedes han visto edificios incendiados; imaginen, por lo tanto, cuán poca ayuda a la hora de sofocar las llamas podrían ofrecen si se encontraran en medio de tan grande y voraz fuego. Han visto a menudo una araña o cualquier otro insecto arrojado en pleno fuego y observado lo rápido que sucumbe a la fuerza de las llamas. No se presenta una larga batalla, no hay lucha contra el fuego, ninguna fuerza puede oponerse al calor o escapar de él, el insecto inmediatamente se rinde y cede, el fuego toma posesión de él, y enseguida se convierte en una chispa de fuego. Aquí tenemos una pequeña imagen de lo que tú serás en el infierno, a menos que te arrepientas y acudas a Cristo. Consolarte a ti mismo imaginando que podrías Soportar los tormentos del infierno tanto como puedas sería como si un gusano, a punto de ser arrojado a un horno candente, se preparara y fortaleciera a sí mismo, dispuesto a combatir las llamas".

El infierno también se describe como un lugar de tinieblas. El Señor Jesús habla de un invitado que se presentó a una boda sin traje y fue arrojado a "las tinieblas de afuera" (Mateo 22:13). judas escribe de aquellos que están en el infierno, "para quienes la oscuridad de las tinieblas ha sido reservada para siempre" (Judas 13). Christopher Love dice en su libro Hell's Terrors (Los terrores del infierno): "La oscuridad es terrible y los seres humanos están preparados para temer más las tinieblas que la luz: el infierno, por consiguiente, es descrito con esta imagen terrible para hacer que los corazones tiemblen, pues se trata no solo de tinieblas, sino de la más oscura de las tinieblas".

El infierno es comparado a Tofet en Isaías 30:33. Tofet era el lugar donde los judíos idólatras sacrificaban a sus hijos al dios pagano Moloch, arrojándolos al fuego dispuesto para ello. Día y noche se oían en ese lugar quejidos y lamentos, como día y noche se oirán quejidos, lamentos y llanto en el infierno.

Isaías habla de "el soplo del SEÑOR, como torrente de azufre" encendiendo el infierno. Hay suficiente evidencia en la Escrituras para demostrar que Dios mismo será el fuego del infierno. Hebreos 12:29 dice: "Nuestro Dios es fuego consumidor". Los impíos de la tierra ignorantemente bailan de alegría cuando el predicador habla del amor y misericordia de Dios, pero no se beneficiarán ni de lo uno ni de lo otro si no se arrepienten. Para ellos Dios será fuego consumidor. Hebreos 10:30-31 advierte: "Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo pagaré. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!" ¡Es horrendo, terrible, caer en las manos del Dios vivo! Pecador, tú no escaparás del infierno. Dios será tu infierno y su ira te consumirá y será derramada sobre ti todo el tiempo que El exista. "¿Quién conoce el poder de tu ira?" (Salmos 90:11). Por cuanto Dios mismo será el fuego del infierno, las palabras no pueden expresar los terrores de los condenados al infierno. "No hay razón para temer que, quizá, los ministros del Evangelio expongan este asunto más allá de lo que realmente es; semejante posibilidad no es tan temible como se pretende... Más bien, tenemos motivos para suponer que después de haber dicho todo lo que es posible, todo lo que hemos dicho o pensado no es sino una pálida sombra de la realidad".

En Lucas 16:19-26 Cristo habla de dos hombres. Uno de ellos era rico (tradicionalmente conocido por Divas o Epulón); el otro era pobre (por nombre Lázaro). Ambos murieron. El pobre fue llevado por ángeles al cielo y el rico fue al infierno. El rico no fue a tal lugar por ser rico, ni el pobre al cielo por ser pobre. El Señor muestra mediante esta historia de contrastes que nuestras circunstancias pueden cambiar drásticamente cuando pasamos del tiempo a la eternidad. No debemos ser tan tontos como para pensar que porque Dios no nos haya tratado duramente en esta vida no lo vaya a hacer después de la muerte. El lugar de morada eterna de ambos hombres fue el resultado de la condición de sus corazones delante de Dios mientras vivían en la tierra. Lázaro fue un verdadero seguidor de Dios, no así Divas. Queremos notar cuidadosamente lo que la Escritura dice acerca de Divas y su condición, pues tenemos mucho que aprender de él sobre el infierno.

Los versículos 23 y 24 indican que Divas estaba "en tormento". ¿Cuál es el significado de estar en tormento? Este tormento, se refiere por igual al tormento padecido por el cuerpo como por el alma. Como hemos visto, el cuerpo humano será atormentado en un horno de fuego. Cada parte del cuerpo sentirá el dolor ocasionado por ese fuego. Personas con fuerte dolor de estómago pueden sentir gran agonía debido a ello, pero el dolor del infierno será mucho más grande. Se dice que a veces la muerte por cáncer causa dolor supremo en el cuerpo, pero el dolor en el infierno será peor todavía. Si tu cuerpo padeciera varios y dolorosos males al mismo tiempo, aún no comenzarías a acercarte al dolor de los condenados en el infierno.

La conciencia del ser humano también será atormentada en el infierno. La conciencia es el gusano que no muere, del cual habla la Escritura (Marcos 9:48; Isaías 66:24). A Divas se le dice: "recuerda que durante tu vida". Los hombres serán atormentados físicamente con un dolor intenso, pero también serán atormentados por su propia memoria. Recordarán las veces que escucharon la alarma y, no haciéndole caso, se burlaron de ella. Recordarán las veces que fueron advertidos y llamados a arrepentirse, o que se les dijo que era imposible recibir las bendiciones del cielo sin someterse a Cristo como Señor, pero no hicieron caso. Serán atormentados al ver, a distancia (tal como lo hizo Divas), las glorias del cielo y saber que están condenados para toda la eternidad. Serán atormentados por deseos insatisfechos (Divas no puede recibir ni siquiera una gota de agua que refresque su lengua). Serán atormentados por el hecho de saber que nunca escaparán del infierno (a Divas se le dice: "de modo que los que quieran pasar de aquí a nosotros no puedan"). Serán atormentados por los gritos, lamentos y maldiciones de los condenados a su alrededor. El tormento más cruel que un hombre pueda experimentar aquí en la tierra es como la picada de una mosca comparado a los tormentos del infierno.

Jonathan Edwards, en un sermón sobre El castigo futuro de los impíos, habla de cómo éstos son incapaces de encontrar un solo momento de descanso en el infierno: "No hallarán nada que alivie sus penas en el infierno. Nunca encontrarán un lugar de reposo allí; ningún rincón secreto que sea más fresco que los demás, donde puedan tener un poco de reposo, una pequeña reducción de la gravedad de su tormento. Jamás encontrarán un arroyo o fuente de agua fría en ninguna parte de aquel mundo de tormento; no, ni siquiera una gota de agua que calme sus gargantas. No tendrán compañero que les dé un mínimo de consuelo, u ofrezca un mínimo bienestar. No encontrarán lugar donde puedan estar y descansar y tomar aliento, siquiera por un minuto, porque serán atormentados con fuego y azufre. No tendrán descanso ni de día ni de noche por los siglos de los siglos".

LA ETERNIDAD DEL INFIERNO

El aspecto más terrorífico del infierno es el de su duración. El infierno es eterno, es decir, para siempre, sin fin. ¿Puedes entender la eternidad? Ninguna fórmula o ecuación matemática puede explicarla. Tu mente no puede concebir la eternidad, y, sin embargo, es real pesar de todo. Este solo aspecto del infierno debería hacer que los hombres gritarán en arrepentimiento. No es extraño que los escépticos de todos los tiempos hayan atacado la naturaleza eterna del infierno, sustituyéndola por doctrinas como la aniquilación de los incrédulos. Echemos una mirada más a las Escrituras para verificar la naturaleza eterna del infierno y tratar de entender mejor la eternidad. Después miraremos por qué tiene que ser eterno el infierno.

"Y el diablo que los engañaba fue arrojado al lago de fuego y azufre, donde también está la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 20:10). Este versículo nos muestra con claridad la duración del infierno. El infierno es por los siglos de los siglos. ¿Podría usarse una afirmación más tajante que esta? Si el Espíritu de Dios quiso comunicar a los seres humanos la naturaleza eterna del infierno, ¿que puede comunicar esto mejor que la expresión "por los siglos de los siglos"? La Escritura no contiene otra mayor expresión que denote eternidad sino "por los siglos de los siglos", porque es la misma afirmación que se aplica a la existencia eterna de Dios mismo: "Al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos" (Apocalipsis 4:9). ¿Hay quien dude de que Dios vivirá por toda la eternidad? ¿Por qué, entonces, dudas que el infierno permanecerá toda la eternidad siendo que se utiliza la misma expresión para ambos?

"No es mucha la idea que podemos hacernos de esta cuestión, pero, para ayudarles en su manera de concebirla, imagínense en medio de una hoguera o de un gran horno, donde su dolor sea mucho más grande que el ocasionado por el roce accidental de un carbón ardiendo, puesto que su calor es superior. Imaginen también que sus cuerpos sean retenidos en ese lugar durante un cuarto de hora, en plena conciencia, cuán grande el horror de entrar en semejante horno! ¡Y que largo les parecería ese cuarto de hora! Después de haberlo soportado durante un minuto, que insufrible sería pensar que todavía faltaban otros catorce. Pero, ¿cuál sería el efecto producido en sus almas, si ustedes supiesen que tendrían que permanecer en ese tormento durante veinticuatro horas... o un año entero... o miles de años? Oh, entonces, cómo se hundirían sus corazones si supieran que habrían de sufrirlo año tras año, ¡qué no habría final! Sin llegar nunca al final! ¡Que después de un millón de millones de siglos, su tormento no estaría más cerca de su final que al principio, y que nunca serán liberados! Pero el tormento en el infierno será inmensamente superior a lo que esta ilustración representa."

El Señor Jesús, describiendo el día del gran juicio final, se refiere a la separación de los impíos de los justos con estas palabras: "Y éstos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna" (Mateo 25:46). ¿Hay alguien que niegue que el cielo exista eternamente? ¿Tendrá fin algún día futuro, la bendición de los justos en el cielo? Naturalmente que no; sin embargo, la misma palabra griega empleada en este versículo para la vida eterna de los justos es la que se utiliza para el castigo eterno de los injustos. El infierno durará tanto como el cielo.

En el infierno habrá diferentes grados de castigo determinado para cada ser humano según indican algunos pasajes de la Escritura. Lucas 12:47-48 dice: "Y aquel siervo

que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán". En Mateo 11:24 Cristo dice: "Os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti". Los versículos de Mateo indican que la gente de Capernaúm recibirá mayor castigo en el día del juicio que aquellos que vivieron en la depravada Sodoma. Los versículos de Lucas hablan de una distinción en el juicio basada en la cantidad de luz recibida: algunos recibirán muchos azotes mientras que otros recibirán pocos.

Quienes cometen mayores o más pecados que otros recibirán mayor castigo en el infierno (Juan 19:11). Los hipócritas religiosos, aquellos que profesan la fe cristiana, pero no son realmente cristianos, serán más severamente castigados que el resto (Mateo 23:14-15). El Señor dijo de Judas Iscariote: "Mejor le fuera a ese hombre no haber nacido" (Mateo 26:24). ¿Cómo se podrían hacer estas afirmaciones si fuera cierto que la aniquilación es lo único que hay después de la muerte? La presencia de diferentes grados de castigo sólo tiene sentido a la luz de la capacidad de sentir el castigo. ¿De qué modo puede decirse que hubiera sido mejor para Judas no haber nacido si la aniquilación es todo lo que le esperaba? La aniquilación o extinción no es castigo en absoluto.

Cada vez que el incrédulo peca aumenta el nivel de su tormento en el infierno. La persona que peca el doble que otra con similar luz, recibirá el doble de castigo. Cada día que el pecador continúa viviendo y respirando aquí en la tierra sin arrepentirse añade a su castigo en el infierno. Romanos 2:5 dice: "Mas por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios". El Señor Jesús exhortó a los justos a hacerse tesoros en el cielo antes que en la tierra. Los impíos aumentan su ira y tormento futuro en el infierno cada momento que continúan pecando. Añaden a su castigo diariamente. En el infierno los hombres desearán no haber nacido.

Charles Haddon Spurgeon dijo: "En el infierno no hay esperanza. Ni siquiera la esperanza de morir: la esperanza de ser aniquilados. ¡Están perdidos por los siglos de los siglos! En cada eslabón de la cadena del infierno está escrito: "para siempre". En las llamas del infierno se iluminan estas palabras: "para siempre". Encima de sus cabezas ellos pueden leer: "para siempre". Su mirada está desencajada y sus corazones dolorido con la idea de que es "para siempre". Oh, si pudiera decirles esta noche que el infierno se apagará un día y que aquellos que están perdidos podrán ser salvos, habría una verdadera fiesta en el infierno de solo el pensarlo. Pero no puede ser; es "para siempre" que han sido arrojados a las tinieblas de afuera".

Christopher Love emplea una ilustración para tratar de ayudarnos a entender lo que significa la eternidad: "Supongan que todas las montañas de la tierra fueran montañas de arena, y que más y más montañas fueran añadidas hasta alcanzar el cielo, y que un pajarito puede tomar un grano de arena cada mil años de esa gigantesca montaña. Serían necesarios innumerables millones de años antes de que toda esa masa de arena desapareciera, y aun así este proceso de tiempo llegaría a un final, y sería una dicha para el hombre si el infierno no durara más que ese tiempo; pero esta es la miseria del hombre en el infierno, no tendrá más oportunidad de salir después de haber transcurrido millones de años que cuando fue arrojado allí al principio; porque su tormento se prolongará por la eternidad, sin fin, por cuanto el Dios que castiga es eterno".

Anteriormente consideramos la necesidad del infierno o la razón de que tuviera que existir un lugar como ése. Ahora analizaremos la razón por la que el infierno no sólo tiene que existir sino que debe existir eternamente. ¿Cuál es la necesidad por la que el infierno tenga que ser eterno? Son varias las respuestas que podemos explorar brevemente.

La primera razón a considerar es la que Christopher Love acaba de mencionar. El Dios que condena es un Dios eterno. "La eternidad del infierno se basa en la naturaleza de Dios".10 ¿Es eterna la Palabra de Dios? ¿Es la naturaleza de Dios eterna? La Escritura dice: "Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos" (Hebreos 13:8). "Esplendor y majestad es su obra, y su justicia permanece para siempre" (Salmo 111:3). "La Palabra del Señor permanece para siempre" (1 Pedro 1:24). Si la Palabra de Dios es eterna, si la justicia de Dios es eterna y si Dios mismo es eterno, ¿por qué, entonces, no va a ser eterna su ira también? Como eternamente existente, todos los atributos de Dios son eternos e inmutables; por consiguiente, el infierno, como expresión de la ira divina, debe ser eterno.

El infierno debe ser eterno porque la justicia de Dios nunca quedaría satisfecha por el castigo finito de los pecadores, no importa lo mucho que durara. Cristo aclara esta cuestión cuando habla de hacer las paces con el adversario antes de ir al magistrado si no serías arrojado a la cárcel y, "Te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado aun el último centavo" (Lucas 12:59). Los hombres no pueden dar nada a cambio de su pecado. Ninguna cantidad de castigo en el infierno, no importa lo mucho que dure, puede nunca expiar los pecados. Es imposible, por tanto el infierno debe ser eterno.

En tercer lugar, el infierno ha de ser eterno porque las Escrituras dicen que el gusano que corroe la conciencia del hombre en el infierno nunca muere. "Su gusano no morirá, ni su fuego se apagará" (Isaías 66:24). Si el gusano nunca muere, entonces aquellos que son atormentados por el gusano nunca morirán.

Por último, el infierno será eterno porque los hombres continuarán pecando en el infierno. Aumentarán y agravarán su culpabilidad allí. El infierno es un lugar donde los condenados maldecirán a Dios y a ellos mismos, y se quejarán y lamentarán con lenguaje blasfemo de los hombres alrededor de ellos. Los malvados se aumentarán el tormento entre si, al acusarse y condenarse unos a los otros. Los hombres no se arrepentirán en el infierno porque el carácter de los pecadores no cambia. Continúan siendo pecadores todavía. Pecarán durante toda la eternidad, por tanto Dios los castigará eternamente.

APLICACIÓN PARA LOS CREYENTES Y LOS NO CREYENTES

Los profetas del Antiguo Testamento nos avisan constantemente de los peligros del infierno: "¿Quién de nosotros habitará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas?" (Isaías 33:14). "En presencia de su indignación, ¿quién resistirá? ¿Quién se mantendrá en pie ante el ardor de su ira? Su furor se derrama como fuego" (Nahúm 1:6). Pecador, ¿eres tan arrogante como para pensar que puedes soportar la ira de Dios cuando sea derramada en toda su capacidad sobre ti? Es posible que pienses que el infierno no es tan caliente como se pinta y que podrás soportarlo bastante bien. Si crees esto eres algo más que un necio. Los terrores del infierno hacen que hasta los mismos demonios tiemblen, ¿eres tú tan necio como para permanecer inmóvil ante estos o tomarlos a la ligera?

No pienses que simplemente porque vas a la iglesia, o crees en Dios, o aceptas intelectualmente las verdades del cristianismo, escaparás del infierno. La mayoría de los que asisten a la iglesia regularmente cada semana alrededor del mundo irán al infierno. Thomas Shepard, pastor y fundador de la Universidad de Harvard (EE.UU.), escribió: "Creyentes nominales y hombres que creen ser salvos que tienen algo parecido a la fe, al pesar, al verdadero arrepentimiento, a los buenos deseos; pero solo son imágenes; engañan a otros y a sí mismos... la mayoría de los que viven en la iglesia perecerán".

Tú, que dices ser cristiano pero que no lees mucho la Biblia y oras poco: ¿cómo piensas escapar del castigo del infierno? Tú, que no te preocupas mucho de los pequeños pecados ni de los pensamientos vanos y sucios que te pasan por la mente: ¿estás preparado para ir al infierno? Tú, que piensas que el reino de Dios consiste en una confesión verbal de fe en Cristo o aceptación intelectual de que Jesús murió por tus pecados, pero que no te interesas por llevar una vida santa, piadosa, ni dedicar algún pensamiento a Dios durante la semana: ¿estás preparado para soportar los tormentos del infierno, día y noche, por los siglos de los siglos? Deberías estarlo, pues si estas cosas son ciertas de ti, estás en camino derecho al infierno, a menos que te arrepientas. ¡No te engañes a ti mismo! El cristianismo no consiste en palabras o afirmaciones piadosas o creencias intelectuales, sino en un corazón nuevo y una nueva vida apartada del pecado y dedicada a la gloria de Dios. Si tu corazón y tu vida no han sido cambiados por Dios, aún estás en tus pecados. Si estás viviendo en abierta desobediencia a la Palabra de Dios y eres indiferente a ello, no tienes ningún derecho a creer que vas a ir al cielo, por el contrario, estás en camino del infierno. Arrepiéntete de todos tus pecados y vuélvete a Jesucristo y ríndete a él como Señor. Presta atención a las palabras de Cristo: "Si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego" (Mateo 18:9). "Nada menos que el negarse por completo a uno mismo, abandonar el ídolo más acariciado, abandonar el hábito pecaminoso más acariciado -figurativamente representado como cortar la mano o arrancar un ojo- es lo que Cristo exige de todo aquel que quiere tener comunión con él". Recuerda que la dificultad que conlleva abandonar todo por Cristo no es nada comparada con pasar toda la eternidad en el infierno.

No creo que nadie se espante por la idea de ir al cielo, pero sí de ir al infierno, de tal modo que pudiera comenzar a buscar a Dios de todo corazón y a implorar la misericordia divina. El ser humano está en el borde mismo del abismo del infierno, pronto a caer precipitado en él, y aún así, completamente inconsciente de semejante peligro. Si oír hablar del infierno puede conseguir que personas insensibles a su real situación consideren las verdades eternas, entonces, predicar sobre el infierno es bastante beneficioso. Es mejor considerar ahora el infierno, mientras vivas; y ser aterrorizado por esto, que no tener que soportarlo luego.

No quisiera que estuvieras más atemorizado del infierno como de pecar. El pecado es tu real enemigo. El pecado es peor que el infierno porque el pecado dio a luz el infierno. ¿Estás dispuesto a ir al infierno por toda la eternidad a cambio de unos cuantos placeres y lujuria aquí en la tierra? ¡Huye del pecado! Deja de vivir para el yo y la auto gratificación y acude a Jesucristo. Cuando mueras será demasiado tarde. Toda oportunidad de arrepentimiento se limita a la vida en la tierra.

Esta doctrina es tan beneficiosa para el justo como para el injusto. La doctrina del infierno debería llevar al justo a temer a Dios. Un temor santo es útil de muchas maneras. Aquel que teme a Dios en su corazón tiene un mayor respeto por los mandamientos de Dios. Quien realmente teme a Dios no temerá a los hombres y preferirá enemistarse con los hombres que con Dios (Isaías 8:12-13). Esta doctrina debería aumentar la fidelidad y el gozo del justo en Cristo, puesto que ha sido salvado de los tormentos del infierno y, del mismo modo, debería aumentar su amor por Cristo que soportó la ira de Dios en la cruz en su lugar.

La doctrina del infierno tendría que producir en ti temor al pecado. Tendría que hacer que temieras hasta los pecados más pequeños y ser diligente de confesarlos, tanto de corazón como de pensamiento y vida. Deja que la doctrina del infierno te guarde de practicar el pecado.

La doctrina del infierno debería ayudar al creyente a ser paciente en los días de aflicción. No importa lo grande que sean tus tribulaciones en este mundo, son mucho más pequeñas que los tormentos del infierno, de los cuales el Señor ha salvado a los santos. Puede que tengas que atravesar tormentos menores en este mundo, pero recuerda que son meramente temporales y que has sido liberado del más grande de todos ellos de modo que puedas regocijarte aún en el tiempo de la aflicción.

Esta doctrina ayuda a motivarte a testificar a otros de Cristo y su mensaje. Eryl Davies escribió en su libro The Wrath of God (La ira de Dios): "La eternidad de los sufrimientos del infierno deberían hacernos más celosos y prontos a hablar a la gente del único que puede salvarles. ¿Rehuimos declarar estas solemnes verdades? ¿Nos disgusta la idea del infierno? Recuerda que Dios será glorificado incluso por medio de los castigos eternos de los incrédulos en el infierno. Su majestad ofendida será vindicada... Lo que es supremo en el propósito de Dios a la hora de elegir y reprobar a los hombres es su propia gloria, y el infierno también glorificará su justicia, su poder y su ira por toda la eternidad. Mientras tanto es nuestra responsabilidad orar y procurar la salvación de los pecadores antes que castigo tan horrendo caiga sobre ellos".

No puedo terminar sin una palabra final dirigida a aquellos que se creen convertidos pero que no lo están, y también para aquellos que saben que no están convertidos. ¿Puedes concebir la eternidad? Detente un momento y trata de imaginar ser atormentado incesantemente, para siempre, sin final. ¿Esto no te aterroriza? Jamás una oportunidad de descanso; o una gota de agua fría que refresque la garganta. Piensa de nuevo la duración de la eternidad. Trata de imaginártela: día y noche, por los siglos de los siglos, ardiendo con fuego como una araña en una hoguera. Gritos, lamentos, dolor, maldiciendo el día de haber nacido; y siendo maldecido eternamente por los demonios y condenados alrededor. Recordando, siempre recordando las veces que fuiste advertido en la tierra y cómo ignoraste todos aquellos avisos: autosatisfecho y auto engañado, creyendo que todo estaba bien con tu alma. La mujer de Job le dijo a éste que maldijera a Dios y muriera. A no ser que te arrepientas y vayas a Cristo, quien es tu única esperanza, serás maldito por Dios y eternamente atormentado por Él en su presencia, en la terrible plenitud de su ira, sin que nunca puedas morir. Nunca morirás. ¡Tú no morirás jamás! ¡La eternidad es para siempre!
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El conformismo!!!

Definimos lo que es el Conformismo: Que acepta la situación establecida, es decir, las costumbres, opiniones, y poderes predominantes. Que se adapta a cualquier circunstancia.

¿QUÉ SON LAS ACTITUDES?

Las actitudes son predisposiciones estables o formas habituales de pensar, sentir y actuar en consonancia con nuestros valores. Son, por tanto, consecuencia de nuestras convicciones o creencias más firmes y razonadas de que algo «vale» y da sentido y contenido a nuestra vida. Constituyen el sistema fundamental por el que orientamos y definimos nuestras relaciones y conductas con el medio en que vivimos.

LA CONFORMIDAD TIENE DOS FACETAS

I. La que agrada a Dios. Es aquella que aunque no tenemos todo lo que deseamos, estamos contentos con lo que hemos alcanzado y agradecemos todo a Dios. 1ª Timoteo 6:6-7

II. La que desagrada a Dios. Es la actitud pasiva para la conquista. Éxodo 14:15 “Entonce Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mi? Di a los hijos de Israel que marchen.”

En toda empresa visionaria, es donde hay gente progresista y con deseo de avanzar. La Iglesia que hará la diferencia es aquella donde sus miembros son progresistas y con deseo de avanzar mas allá.

Cuando Dios llama a un hombre no por su nivel académico, ni los años de experiencia, sino las actitudes de fe que tiene.

PRIMER EJEMPLO DE UNA ACTITUD CONFORMISTA.

La historia de un hombre conforme al corazón de Dios, y hubo esa época en su vida en que el conformismo llego a su vida. 2ª Samuel 11/12

Segundo ejemplo:

Deuteronomio 1:6-11 Demasiado tiempo en este monte

No te duermas en la complacencia de lo alcanzado.

Tercer ejemplo:

Abraham. Génesis 11:27-32 ><> 12:1-5

En el mapa de la geografía bíblica usted encuentra que Harán esta exactamente a la mita del camino entre UR de los Caldeos y Canaán.

Esto nos enseña la razón que muchos hombres y mujeres de Dios con llamado de Dios quedan a mitad de camino, porque no quieren ofender al viejo Taré y Taré demoro 205 años en morir

Harán significa lugar seco y árido, lugar quemado y ardiente.

DIOS TE LLEVA HOY A PASTOS VERDES
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Anatomía del pecado!!!

Anatomía = distintas partes y órganos del cuerpo.

Introducción:

a. En el libro de génesis tenemos un ejemplo vivo y claro de cómo el pecado destroza la vida del hombre.

b. Hoy vamos a ver como el diablo ataca al hombre para hacerlo caer y como podemos contrarrestar este ataque.

Proposición:

El pecado es una enfermedad que ataca al hombre poco a poco hasta causar la muerte y su causante es el diablo. Solo Dios puede salvar al hombre de esta muerte.

Pregunta interrogativa: ¿Como te encuentras tu hoy delante de Dios?

Transición: Lo primero que el diablo hace es idear un plan de ataque para tu vida…

I. Plan de ataque. Gen 3:1

a. Satanás es astuto. i. Astuto = que es listo y hábil para conseguir las cosas que quiere.

b. Busca la debilidad i. En Eva fue la codicia, el querer lo que no debía tener. (Gen 2:6)

c. Comienza a lidiar con la persona, lenta pero seguramente.

¿Como el cristiano puede contrarrestar este primer nivel? o Fortaleciéndose en el Señor. (Efesios 6: 10) “Por lo demás, hermanos míos fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza”. o Vistiéndose de toda la armadura de Dios. (Efesios 6:11) “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo”

El pecador no tiene forma de librarse de los ataques del Diablo. o Juan 8:34 “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado”.


Transición:

Luego que el diablo ha establecido cual es la debilidad de la persona, comienza a engañar y a tentarla para hacer caer (desobedecer a Dios) a la persona.

II. Comienza el ataque. (Génesis 3:2-6)

a. Comienza el razonamiento entre la persona y diablo. (ver.2-3) i. Este razonamiento puede ser en la carne o en el espíritu, teniendo resultados desastrosos o de victoria.

1. Eva = Desastre (Génesis 3:6)

2. Jesús = Victoria. (Mateo 4: 1-11)

b. El diablo comienza a engañar para encubrir el pecado y hacerlo parecer como bueno o permisible, aun usando la palabra de Dios, pero torcida para lograr su propósito de engañar.

c. Cuando el hombre es engañado y el pecado parece cosa buena, entonces cae y comete el pecado. (ver. 6)

¿Como puede el cristiano vencer este Segundo nivel de la tentación? o Resistiendo al diablo. (Santiago 4:7) “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” o Conociendo la palabra de Dios. (Mateo 4:4) “Escrito esta: no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

El pecador no tiene la capacidad para librarse de los engaños de Satanás, pues esta preso del pecado.

Transición:

Una vez cometido el pecado el diablo ha hecho su trabajo y desaparece de la escena dejando al hombre en vergüenza y con la responsabilidad de responderle a Dios.

III. Después de la caída. (Ver 7-3)

a. Cuando el hombre comete el pecado, entonces viene la realización de lo que ha hecho y se pregunta ¿Qué he hecho? (ver.7)

b. El hombre se encuentra en un estado vergonzoso para estar delante de Dios. (ver.8)

c. El hombre no se atreve a acercarse a Dios. (ver.10)

Luego de la caída el hombre es separado de Dios de dos maneras. o Hay pecado en su vida y no puede estar delante de la presencia de Dios. (Romanos 3:23) “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” o En su estado vergonzoso no se atreve a acercarse a Dios.

Dios es el que tiene la solución, por medio de Jesucristo, para quitar el pecado, la vergüenza de la vida del hombre.

El cristiano no debe llegar a caer en este nivel, de volver a pecar. Si cae dice la palabra de Dios en (1 Juan 2:1) “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el padre, a Jesucristo el justo”.

Transición:

Yo no se en que estado tu te encuentres en este hoy…

Conclusión:

a. Tal vez estés en el primer nivel con alguna debilidad que puede ser usada por el diablo para atacarte. Dios te puede dar fortaleza.

b. Tal vez estés en el segundo nivel y estés luchando con la tentación. Dios te puede dar la victoria.

c. Tal vez estés en el tercer nivel y hayas pecado y te encuentres en estado vergonzoso delante de Dios. Dios te puede y te quiere perdonar.

d. Ven a Cristo hoy.
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